Fuente: Galicia en Común

Nadie parece haberse percatado de unas declaraciones de Pablo Iglesias durante el fin de semana. Ningún analista les ha prestado la mínima atención, posiblemente porque con la cantidad de memeces que hacen los políticos españoles la atención se disipa con perros que huelen a leche (todos los postmodernos haciendo artículos graciosos), con la última salvajada de los fascistas o, sin más, se consideran tan listos y listas que se dedican a las más sesudas parrafadas que no entienden ni ellos. La vacuidad intelectual de los analistas (de quienes se autocalifican así sin más mérito que escribir en los medios de la clase dominante en muchas ocasiones) provoca que no se paren en frases dichas en mítines que reflejan perfectamente lo que anida en el subconsciente de quienes las dicen. Y esto es lo que ha pasado el fin de semana pasado con el dirigente de Podemos y los socialistas.

Durante un mitin en Galicia Iglesias afirmó lo siguiente: “Hay mucha gente votante del PSOE, socialistas de corazón que saben que, o estamos nosotros en el Gobierno, o su partido no va a hacer las cosas que quieren ellos que se hagan en este país”. A esos, y no a otros, les pidió el voto. Si se lee deprisa y sin pararse a pensar en el significado de la frase, esto es, si sólo se queda con el significante como mero recurso mitinero perderán la dimensión de lo que quiso decir el dirigente de Podemos. Lo primero, siguiendo la línea de la soberbia tan característica de Iglesias, antepuso su presencia en un futuro gobierno para que en España se hagan “cosas” que, mediante poder adivinatorio, sabe que piensan los millones de votantes del PSOE. Si no está ÉL y su gente más cercana (Irene Montero de vicepresidenta por supuesto), en España es imposible hacer “cosas” de izquierdas. Es más, le falta decir, que en España si no está ÉL cualquier política que se lleve a cabo jamás será de izquierdas. Sólo ÉL tiene la capacidad de hacer políticas de izquierdas. Esto no es una ofensa para nadie en concreto salvo para la inteligencia de las personas. Adanismo puro y duro típico de populistas que hablan de “cosas” (así sin especificar qué) y no de políticas a desarrollar (con lo rico que es el lenguaje español y lo mal que lo utiliza este hombre que dice haber leído mucho).

Más allá de esa soberbia que muestra cada vez que habla pasemos a lo que es una ofensa contra los socialistas que votan al PSOE. Si se fijan dice que pide el voto a esos “socialistas de corazón”. No a otros socialistas, ni a los que han llegado al socialismo por vivir en sus propias carnes las políticas de la clase dominante; ni los que lo han hecho por su presencia en la lucha de clases; ni a los que han llegado al socialismo por conocimiento de las distintas ideologías; ni a las que lo han hecho por la defensa del feminismo (abolicionista, a ver si le queda claro a las de Podemos, y contrario a la explotación de la mujer mediante los vientres de alquiler); ni a quien lo haya hecho simplemente por ser un partido histórico de izquierdas. No sólo a los socialistas de corazón que parecen ser los más puros si se compara con los demás. Los otros socialistas no tienen corazón, ni sentimientos. Le ha faltado decir que son la peste o unos aliados de la clase dominante. Sólo los socialistas que le gustan a Iglesias tienen cabida en el reino en la tierra que quiere instalar el señor morado.

Todo aquel socialista que no le ría las gracias a ÉL y su corte (cada día más reducida) carece de corazón, es un desalmado o un rastrero. Paradójicamente, frente a esto, la realidad es que los socialistas de toda condición (socialdemócratas, socialistas, marxistas, tribuneros, social-liberales…) hace tiempo que se dieron cuenta de que Iglesias, en el fondo, no es más que un pequeño burgués infiltrado en la izquierda. Tras destrozar al PCE/IU, que era un partido serio que tampoco le permitió ser candidato e imponer su lista, la única intención de Iglesias fue acabar con el PSOE. Su odio a lo que significa la socialdemocracia y el socialismo es tan patente que nadie que se sienta socialista podría apoyarlo. Muchos lo hicieron en 2015 cuando se creía que era verdaderamente el ogro de la clase dominante y no un bohemio burgués en busca de cargos y prebendas. Hoy aquellos nada quieren saber de ÉL y su gente. Tras el casoplón nada fue igual para Podemos. Tras las purgas estalinistas porque no admitió que le llevasen la contraria, la gente huyó ante un monstruo de siete cabezas. Ese mismo monstruo que si no se hace lo que ÉL dice cae en el anatema y la hoguera.

¿A quién se le ocurre pedir el voto a los socialistas del PSOE cuando toda la campaña electoral se está insultando al PSOE y a los socialistas? Sólo a un megalómano que entiende la política sólo desde el patrón “conmigo o contra mí”. Si no se hace lo que dice malo y si se hace, las pruebas hasta ahora no es que hayan sido para catalogarlo como mejor sino todo lo contrario. Como mal leninista se considera la vanguardia del pueblo español o de la gente (jamás dirá proletariado o clase trabajadora fíjense bien) por sus títulos y sus “cosas” que le hacen estar por encima de los demás. No hay nadie más listo que Él y sus edecanes morados. Por eso sitúa a los socialistas que le ríen las gracias como “de corazón”, calificativo sensiblero y postmoderno donde los haya. Porque en la revolución de las sonrisas sólo cabe el amor fraternal (tampoco entendió el significado de fraternidad con todo lo que ha leído) y el odio a quienes no hacen caso de las órdenes del ser superior. Y como Pedro Sánchez no le ofreció los ministerios más importantes, porque ellas y ellos lo valen (eso piensan), le dejó en la estacada, sin gobierno y acusado de querer engañarle. La realidad dada la vuelta como muchas personas comprendieron. Y luego se sorprende de que los socialistas le tengan tan poco aprecio y bastante asco. ¡Si lleva siete años insultándolos! Es lo que ocurre cuando una persona se cree el portador de la verdad, el faro de la “berdadera hizquierda”, el mesías de la “única izquierda” posible. Un pequeño burgués que no ha sabido asumir sus derrotas es lo que queda como imagen. Ni de izquierdas, ni de abajo, sino de los que viven de asaltar permanentemente los cielos pero bajo los parámetros de la ideología dominante y en chalet en el extrarradio obviamente.

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