No hay nada como creerse el más listo y el que más sabe para caer en la soberbia. Si es una cuestión individual puede pasar, pero cuando eres asesor y persona de confianza de un dirigente político, ese envanecimiento es perjudicial en alto grado. Así le está pasando a Iván Redondo que harto de ponerse medallas por cuestiones, en ocasiones, producto de la Fortuna maquiavélica, parece haber engordado tanto su ego que está arrastrando mediante su torpeza y arrogancia a Pedro Sánchez. Traspiés tras traspiés acaba perjudicando al asesorado, quien se libra de algunos males gracias a la descomposición del resto de combatientes electorales.

Como escribimos hace unas semanas, ya metió la pata con el eslogan elegido, esa mala copia de libro de autoayuda para neurótico individualista estadounidense. Traducir “Make it Happens” por “Haz que Pase” en vez de ocurra, suceda, es una de las barrabasadas en campaña más graves que le han pasado al PSOE desde que Rosa Conde se preocupaba de que a Almunia le brillaba mucho la calva. Y si a eso se le suma la cartelería en blanco y negro y con el rostro de Sánchez en primer plano, copiando el famoso “Manual de Resistencia”, acabas rematando la jugada. Menos mal que la imaginería cada vez tiene menos peso, pero ha permitido la sorna de los demás contrincantes. Algo que es básico en el manual de asesoramiento, que los demás no utilicen lo tuyo contra ti.

La segunda metedura de pata que perjudica al asesorado es el tema de los debates televisivos. No es cuestión de si se hacen en una cadena pública o privada, sino la manipulación que se ha llevado a cabo para que coincidan en la fecha y así intentar que sólo haya uno cuando la estrategia propia ha fracasado. Sánchez no quiere debates porque no ha ganado jamás uno al decir de la mayoría (¿Recuerdan a Patxi López destrozándole dialécticamente al preguntarle si sabía que era una nación?) y por eso prefería a los neofascistas para que se peleasen entre ellos. Como la JEC impide que acudan, aprovecha Sánchez para jugar a su antojo y utilizar su poder para enfangar la RTVE. Todo esto es producto de Redondo. Los debates en sí dan igual, el problema es que deja en mal lugar a su candidato frente a los demás. Segunda metedura de pata del chico listo.

Y no querer grandes espacios para los mítines para que parezca que siempre se queda gente fuera es una falta de respeto a la militancia y a la capacidad de atracción del presidente del Gobierno. Redondo no confía realmente en esa capacidad de Sánchez como queda demostrado en estas acciones. Ningún local de más de 2.000 personas. Normal que se queden personas fuera con esos aforos mínimos. Hay que recordar que en 2015, en diciembre, Sánchez fue capaz de congregar a más de 4.000 personas en Fuenlabrada. Y el PSOE estaba que daba pena en aquella época. ¿Miedo a que haya un hueco? No, estrategia para que parezca que siempre está abarrotado, pero los medios de comunicación se dan cuenta, hacen la cuenta y lo cuentan.

Y un último error es hacer parecer que Pedro Sánchez es poco menos que Superman en lo físico. Dicen los malos tratadistas que la muestra de energía del líder es una virtud, y todos los pomposos asesores ponen a sus asesorados a correr, hacer pesas y demás. Igual Winston Churchill tenía más energía que todos estos para lo que era su cometido. Lo mismo se puede decir de muchos otros grandes líderes políticos. Confunden el culo con las témporas y muestran imágenes como la del tuit de Sánchez. Un fresco y nada sudoroso presidente afirma que acaba de recorrer 10 kilómetros haciendo running (que ya hay que ser medio lila para no emplear el verbo correr). Quien lo vea apreciará un tipo sin mácula y la verdad es que no es creíble. Expliquémoslo.

El record mundial de los 10.000 metros está 26 minutos, logrado por Kenenisa Bekele. A esa velocidad es seguro que Sánchez no correrá por lo que esos 10 kilómetros corriendo, siendo generosos, deben costarle como poco de 30 a 35 minutos. Si corres durante 35 minutos a muy buen ritmo llegas empapado en sudor, especialmente si vas con gorra y camiseta de algodón. Y si se fijan ni la gorra está sudorosa, ni los sobacos de la camiseta tienen sudor. Pero ¡si tiene las zapatillas limpias y todo en un paraje boscoso! Una de dos, o es una especie de Superman que no tiene exudación; o es mentira la imagen. Igual ha corrido y ha llegado hecho unos zorros, se ha lavado, refrescado y cambiado de ropa. O igual no ha corrido 10 kilómetros, que también puede ser. Lo que sí queda mal es que intenten engañar a las personas. Y la culpa es de quien es, Iván Redondo.

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