Acaba de inventar la rueda Pablo Casado. Nos vendía una convención para la renovación del ideario del Partido Popular, o cuando menos la recuperación del ideario lógico para el siglo XXI, y resulta que lo dicho por los ponentes no es más que la recuperación de la consigna de “dios, patria y rey”. Sí el lema del carlismo, ese que prestó su boina roja al Movimiento del franquismo, al que han quitado lo de los fueros porque no vaya a ser que les dé a los castellanos por reclamar los suyos y se arma. El carlismo como fórmula mágica de renovación y de consistencia ideológica para esconder que están al servicio de la clase dominante. Un engaño mediante un juego de luces que deslumbre lo suficiente y sea lo más espectacular posible para ocultar lo que se juega entre bastidores, que los más ricos sigan acumulando riquezas en base al esfuerzo de los demás.

Lógico que elijan esos tres elementos como base de su ideología pues no sólo son conservadores, sino reaccionarios. Moral y políticamente están volviendo al siglo XIX, pero no al trienio liberal o a los grandes pensadores del liberalismo, sino al caciquismo (en esta ocasión de la fracción financiera) y a la democracia bastarda del turnismo. El cual quieren, como bien suele expresar la “Thatcher de Malasaña” Isabel Díaz Ayuso, que se produzca con Ciudadanos. Ese centro izquierda inventado por el PP para poder turnarse con la secta naranja y dejar fuera a cualquier partido con sentido socialdemócrata. Liberales y Conservadores, que en este caso son iguales en lo económico, no tanto en lo moral, turnándose o gobernando juntos junto al neofascismo si hace falta. Parece que quieren dar la razón machaconamente a Karl Marx y su análisis de la dominación, no tanto determinación, de la estructura económica sobre la superestructura política, jurídica y social, al apostar por el monólogo neoliberal.

Patria.

En una convención del PP, como es de suponer, España, su España todo hay que decirlo, es lo más importante. Hay que sacar todas las banderas de 2,50 euros (fabricadas en China por unas mujeres explotadas en fábricas con condiciones ínfimas, pero el fetichismo de la mercancía no les permite ver eso) y todas las pulseras a pasear y decir que como España no hay ningún país en el orbe y que somos la nación más grande que ha dado Occidente al mundo. La Grecia clásica o la República romana sólo son epifenómenos de una Historia que se detendría en la península ibérica y daría el Imperio católico jamás visto. La Francia revolucionaria, la Gran Bretaña industrial, los Estados Unidos imperiales, no son más que intentos desmejorados de copiar a España. No se rían al leer estas frases porque sólo hace falta pinchar un poco a algún dirigente del PP y les suelta alguna de estas. Sin ir más lejos a su presidente actual.

Vean lo dicho por el candidato de Aragón, Luis María Beamonte: «El verdadero corazón que sirvió para crear esta gran Nación que es España fue Aragón». Mañana mismo sale a pedir la recuperación de Sicilia y Nápoles a poco que se descuide. Y para que no se note mucho esa vuelta al pasado aparecer Teodoro García Egea a decirnos que “el Partido Popular es el partido moderno que atrae. Como hace treinta años, y hoy más que nunca: ni hay tutelas, ni hay tutías”. Fíjense bien en la frase, mezcla “partido moderno” con “como hace 30 años”. Luego acusa al presidente del gobierno de tener ideas socialdemócratas caducas. El problema es que el “lanza huesos” no se percata que no es una vuelta a hace 30 años, sino algo más de un siglo. Y cuando la patria rancia flaquea sacan a pasear al autoproclamado heredero de la Transición.

Con su pose aristocrática, pose porque el título se lo quedó su sobrina y eso que él se cataloga como el jefe de la casa ducal de Suárez, como se comenta en el todomadrid, Adolfo Suárez Illana, al que tienen para intentar entroncar con lo decente de la derecha de la Transición, que no era el PP del voto en contra y los ministros franquistas, ha salido a defender el legado de su padre. Y como buen heredero sin herencia ha querido nombrar a la carta magna como la Constitución de la Concordia, para asemejarla a la fundación donde le han puesto dentro del PP para aparentar. Lo que era el consenso transitivo, ahora es Concordia, un término que resuena en la cabeza de los más cultos o más mayores cercano a los “40 años de paz” del enterrado en el Valle de los Caídos. Por eso quieren cambiar la ley de memoria Histórica por otra en la que van a llamar a “la España que quiere trabajar y convivir en paz y en libertad, que pretende compartir sus sueños y no imponerlos, que entiende que la excelencia, personal o colectiva, nunca debe ser un privilegio sino que debe ser puesta al servicio de los demás”. Resulta que en estos años no hemos convivido en paz y en libertad (relativa) y que lo mejor es trabajar (por el salario que la clase dominante diga), por eso lo de la excelencia personal. Que no quiere que sea un privilegio pero no es más que otra forma de darwinismo social (los que están arriba es porque son mejores, más excelentes, sin contar los condicionantes de clase) y un aristocratismo propio de los conservadores.

Rey.

Javier Maroto, que debe estar aun debatiéndose interiormente por eso de pactar con los neofascistas que quieren quitarle su matrimonio, ha defendido como pilar fundamental del sistema político a la monarquía. “Este es el partido que cree en España y todas sus instituciones, empezando por la Monarquía y el Rey” ha dicho el vitoriano. La verdad es que cortesanos no le faltan a derecha o izquierda al ciudadanos Felipe de Borbón, pero en el PP son más monárquicos, porque lo son de hace mucho. Como poco desde Don Pelayo. El monarca, como en los textos de Santo Tomás de Aquino, garante de la unión de la nación española, del Estado y de la tradición imperial. Bueno esto último no, porque por culpa de los Borbones se perdió el Imperio, se llegó tarde a la modernización económica, se llegó tarde a los avances educativos, se llegó tarde a todo por culpa de las diversas felonías de la actual casa real para con los españoles. Lo que entronca con lo afirmado por Beamonte y el reino de Aragón.

Dios.

De dios propiamente  hablarán hoy en el resto de sesiones. Pero sí cabe destacar algo que han manifestado varios dirigentes regionales como es la vinculación de la libertad a la no existencia de impuestos. Una vena libertaria que es más propia de Henry David Thoureu, que es parte del darwinismo social, y que lleva al PP a abandonar en este campo el sentido católico del libre albedrío y de la comunidad de los fieles, para entregarse al individualismo baptista (especialmente el baptismo del sur) o evangelista. Si usted es pobre es por su culpa, por no haber rezado lo suficiente, por haber pecado mucho (de palabra, obra, pensamiento u omisión evidentemente), por no centrarse en trabajar como impuso el propio dios al dar luz a ese cuerpo de barro del padre Adán. No se rían que en Estados Unidos piensan así más de lo que creen (recomendable la lectura de Harold Bloom, La religión americana) y como estos jovenzuelos han sido educados en FAES por los representantes del Imperio USA en España o directamente, ese poso religioso y de canibalismo económico es el que impera. Salvo que seas del Opus Dei, Legionarios de Cristo o Camino Neocatecumenal que ves a los demás como pecadores y errantes morales, y por ello la comunidad procura los mejores trabajos y salarios, pues eres un elegido.

Realmente la convención del PP no es para refundar la ideología, no es un cónclave ecuménico, sino una reunión de amigos para darse ánimos ya que los neofascistas están amenazando a la vuelta de la esquina y hay más miedo que vergüenza. De esta no hubo nunca mucha en el PP todo sea dicho, pero miedo mucho y muy fuerte. De hecho, el representante de Tabarnia (los que defienden la unidad de España llevan a su convención a un representante de una ficción con olor a naftalina), Jaume Vives, le ha echado la bronca a los allí congregados: “En el AVE venía cabreado porque no me gusta lo que ha hecho el PP”. Y por eso lo que hay que hacer, ha dicho el señor tabarnés, es votar a Vox, según ha informado Servimedia. Así directamente en su cara. Y por si fuese poco les suelta: “hay dos grandes sectores que el PP siempre ha despreciado: los no nacionalistas en Cataluña y los católicos”. Son tan estúpidos que acaban invitando a sus propios enemigos internos. Vale que pacten juntos, pero que te digan en tu casa que no vales para nada es cuando menos poco cortés.

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