En un momento histórico en el que las democracias están amenazadas por el ultranacionalismo, el proteccionismo, el desprecio a la diversidad, el populismo patrio o el poder de las dictaduras financieras internacionales, surgen figuras que, de momento, impactan por su defensa de los valores de libertad, igualdad y fraternidad que alumbraron el desarrollo de los derechos y libertades de los ciudadanos. Ayer en Madrid, el presidente del Ecuador, Lenin Moreno ha dado una lección de principios democráticos.

Moreno se encontró con una sociedad ecuatoriana dividida entre los partidarios y los detractores del anterior presidente por la deriva hacia el autoritarismo y la corrupción de Correo, lo que polarizó totalmente al pueblo ecuatoriano hasta llegar a un gran enfrentamiento nacional. Para terminar con ello y llegar a la concordia el presidente Lenin Moreno se ha propuesto enmendar la situación a través del diálogo: «Lo primero que hice fue hacer un llamado a la cordialidad, al reencuentro entre los ecuatorianos», un diálogo en el que participaron más de 3.000 personas que representaban a la integridad de la sociedad civil de Ecuador, con diferentes pensamientos, ideologías y formas de entender la política nacional, un contacto que Moreno está manteniendo en el año que lleva en el poder porque «no hay nada más hermoso que dialogar con quien piensa distinto que tú». Diálogo, una hermosa palabra que en las democracias occidentales se está perdiendo.

Una de las mayores lacras para una democracia es la corrupción de sus dirigentes. En este sentido Lenin Moreno ha sido muy duro y contundente en el reproche a su antecesor haciendo referencia a los años en los que fueron un equipo y en los que no vigiló la actividad de Correa porque «pensaba que todo bien», algo que no era así porque, «él dijo que dejaba una mesa servida y se llevaron hasta la mesa», haciendo una clara referencia a cómo se ha esquilmado al pueblo ecuatoriano.

Ha definido su acción de gobierno como de «progresismo moderno» que no es otra cosa que poner como preferencia gobernar para los más débiles. Algo que parece tan sencillo se está olvidando en las democracias occidentales cada vez más dominadas por las élites financieras internacionales porque se ha permitido que invadan la soberanía económica de los Estados. La función principal de cualquier gobierno es la de ofrecer toda la protección estatal a quienes están en una situación de debilidad frente al resto de la sociedad. No obstante, esa función queda muy limitada por la corrupción y por las obligaciones impuestas por las dictaduras privadas. El presidente de Ecuador lo ha dejado claro al referirse a los ideólogos del progresismo y a la situación actual: «¿Desde cuándo el socialismo es corrupción, es autoritarismo, es intolerancia, es irrespeto a los Derechos Humanos y es falta de libertad de expresión?».

El verano a veces trae sorpresas y Madrid, en el día de ayer, fue testigo de una lección de principios democráticos porque, como él mismo ha dicho, no se trata de hacer una revolución sino de ser coherentes y transparentes con los principios básicos de cualquier democracia.

 

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