El trifachito madrileño es un hecho. La ultraderecha de Vox ha conseguido lo que venía buscando, que el partido nacional-populista de Ciudadanos se sentase a negociar con ellos en una mesa. Esa necesidad simbólica de que la derechita cobarde, versión naranja, se postrase a sus pies y tragase con sus cosas fascistas era lo que necesitaba Rocío Monasterio para hacer ver que Ciudadanos es tan de derechas como ellos. Mucho liberalismo y hablar de libertad, pero a la hora de la verdad, tragando con un partido iliberal y contrario a la cultura que propugna el liberalismo. Al menos allende nuestras fronteras.

A fin de explicar lo que ha pasado, Ignacio Aguado ha mostrado enormes problemas lingüísticos. Problemas de expresión. Problemas de hacerse entender. Problemas de no saber lo que está diciendo. Lo que no sorprende porque ya en la anterior legislatura apoyaba a muerte a Cifuentes pero decía que su gobierno era el peor de todos. De hecho Ciudadanos votó el 70% de las ocasiones con la izquierda sanchista y populista. Ahora intenta vender, como si fuese un comercial de alguna empresa energética, que el gobierno saliente del parto del trifachito será algo bien distinto a lo que todo el mundo sabe que va a ser. Hace unas semanas tragó cuando Vox pidió los nombres de las personas que impartían cursos sobre igualdad sexual. Y ahora hace todo lo posible por ocultar que se va a encamar con la ultraderecha. Algo que no es que le importe mucho, pues la promiscuidad de Ciudadanos ha quedado patente en este corto espacio de tiempo, pero que al tener mala fama pues prefiere taparlo.

Dice el portavoz naranja (como pueden ver en el video) que gracias a las arduas negociaciones se ha conseguido un gobierno de “centro liberal”. Es tan mezquino su intento de ocultar la realidad que, al final, queda como un inculto. Dice Aguado que ha cursado la doble carrera de Derecho y Ciencias Políticas (dobles grados en los que no se aprende ni una, ni otra carrera en realidad) y comete el error de mezclar dos variables que no se encuentran bajos lo mismos parámetros. La idea de “centro” es una forma de situar a las personas y los partidos en un eje imaginario izquierda-derecha. La realidad es que el centro no existe salvo como excusa para traicionar los valores que se dicen tener. O en un sistema multipartidista y complejo situar a los partidos bisagra. Por tanto ese centro nada tiene que ver con las doctrinas políticas o las ideologías que cada partido o persona dice defender. El centro no es ni liberal, ni socialdemócrata, ni nada por el estilo. Es más bien el lugar de los cobardes (incluso si se aplicasen los principios de la teoría económica de la política). Y en España funciona bien esa sabiduría popular que todo el que se dice de centro es alguien de derechas.

A eso hay que sumarle que también coloca la doctrina política “liberalismo” porque no se atreve a decir que es un gobierno de las derechas. No puede ser un gobierno liberal cuando van a estar apoyándolo liberales, conservadores, tradicionalistas y fascistas. Cuando lo van a apoyar iliberales o autoritarios. Por no querer que les cataloguen de derechas, normal que desde Vox les llamen cobardes, hablan de centro, pero el liberalismo es una doctrina que dependiendo del contexto podría ser hasta de izquierdas. ¿Qué tipo de liberalismo defiende Aguado? No lo sabe ni él, sólo que están al servicio de la clase dominante y un capitalismo sin ningún tipo de barreras. Y en eso coinciden los tres partidos, todo para el capital y mucho fetichismo de la mercancía. Tiene miedo Aguado a que les puedan ver de derechas y lo que debería hacer es quitarse ese miedo porque todo el mundo es consciente de que Ciudadanos es de derechas. Es más saben que son el partido del odio y el nacional-populismo. Por lo tanto, no hay nada de malo en decir que será un gobierno de centro derecha o un gobierno de liberales, conservadores, fascistas y algún tradicionalista. O lo explica bajo un parámetro u otro. Lo demás son intentos de engañar.

Como es un intento de engañar criticar a PSOE y Podemos con pelearse por cargos cuando él mismo ha insistido en que Vox no podía tener Consejerías. Y las Consejerías con cargos. Y ha habido pelea de cargos. Es más, él va a ser vicepresidente y eso es un cargo. Es más, han aumentado las Consejerías y, por consiguiente, el gasto en mamandurrias y chiringuitos. Y eso son cargos. La realidad es que Aguado cada vez que habla piensa que los madrileños o los españoles son estúpidos, cuando quien no sabe expresarse es él. Mezcla aspectos conceptuales para ocultar que está encamado con la ultraderecha, que están blanqueando los restos del franquismo, que están apoyando a un grupo que de poder metería a muchos de sus colegas de partido en la cárcel. A Aguado no porque es tan de derechas como Vox. Ya le veremos tartamudear, lo hace cuando no sabe qué decir, bastantes veces esta legislatura. Ya le pondrán la cara roja cuando trague todo lo que va a tragar con Vox e Isabel Díaz Ayuso. Bien visto, lo que podría hacer es estudiar un poco pues parece que las asignaturas las tiene olvidadas.

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