Ha regresado del escondite en el que se metió Albert Rivera más prepotente que nunca y potenciando el aire chulesco de matón de barrio que viene utilizando en los últimos tiempos. La clase dominante, especialmente la fracción financiera, le ha puesto el cartel de “Se busca. Vivo o muerto”, pero eso a él, endiosado cada día más, no le importa. Es más se permite el lujo de enfrentarse a quienes les han financiado y les han dado canales mediáticos hasta la saciedad: “Nuestras decisiones tienen que ser libres y sin tutelas frente a los que les molestan las convicciones”. Seguramente hayan llegado estas palabras al despacho de Ana Botín o al de Josep Oliu y no les hayan gustado. ¡Cómo es posible que su criatura se rebele!

Este tipo de bravatas y bravuconadas suelen ser típicas de aquellos que saben que tienen los días contados e intentan hacerse los dignos cuando llevan arrastrándose ante los poderosos desde el primer día. Aguantará un tiempo porque la cúpula de Ciudadanos, en su mayoría, es lo más parecido a una secta y, además, tiene una organización totalitaria. Ha demostrado Rivera ser un dictador y un antidemócrata. Lo curioso es que manda fuera del partido a los que piensan distinto a la par que está hablando de ser un defensor de la libertad: “A algunos les molestan las convicciones, no les gusta la libertad y prefieren hablar de la izquierda y la derecha, pero yo amo la libertad”. Lo curioso es que hablar de izquierda y derecha no empece para hablar de libertad, es más, la derecha y la izquierda, en sus pluralidades, entienden la libertad de maneras muy distintas. Seguro, eso sí, es que ningún liberal apoyaría la ignominia de la negación de la palabra a los demás en el seno del partido. Eso sólo lo hacen aquellos que se creen tocados por los dioses y que muestran así su hybris por la que acabarán condenados. Algunos a penar en el Mediterráneo intentando volver a Ítaca, otros volviendo a vender preferentes en Caixabank.

Es loable su intento de acabar con el PP, que no es otro sino ese, y no convertirse en un partido bisagra. Lo malo es que la realidad ha puesto a Ciudadanos como partido bisagra, han sido los españoles con su voto los que han decidido. No sólo en las elecciones generales sino en las autonómicas y locales. También ha sido la propia ineptitud de Rivera quien, contrariamente a su estrategia, ha dado el suficiente poder territorial al PP para que no se hunda y siga siendo la alternativa gubernamental. Quiere liderar la oposición Rivera pero para eso no sólo hay que tener un discurso diferenciado con el PP, que no lo tiene en los temas importantes, sino que debe contar con el apoyo de la sociedad civil, que lo está perdiendo. Negarse a dar estabilidad al sistema con la que está por venir en forma de crisis le ha costado la cabeza. De hecho el cadáver está comenzando a oler ya. No habrá embalsamamiento tipo Lenin, ni expondrán sus cadáver en alguna plaza española, sino que irá al crematorio de los políticos liberales que desaparecieron de la noche a la mañana.

Ha escondido mucho tiempo su carácter dictatorial y ahora además ha logrado que España tenga 400 provincias. Sí, como lo leen. Embravecido en la retórica y expulsando el fuego fatuo no ha tenido mejor ocurrencia que Ciudadanos está muy bien, mejor que nunca porque gobierna en “400 capitales”. Así, sobrándose como buen cuñado que es. Igual cuenta todas las de sus sueños de imperialismo naranja que se extienda por el mundo. O igual tras viajar tanto, a cuenta del establishment, ha pensado que allende los mares es territorio conquistado por su imagen. Una metedura de pata más de un prepotente, un niño relamido, alguien que se ha creído el personaje que la clase dominante había diseñado para estos tiempos de política espectáculo. Ahora ha decidido enfrentarse al poder y el poder es poder precisamente porque tiene la capacidad de hacer que Rivera acabe haciendo lo que quieren. Le doblegarán y le tirarán a un contenedor. Y pondrán a Arrimadas, a la que vienen preparando para sustituirle. Lo dicho, el muerto comienza a oler.

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