Hace 150 años, mucho antes de que el primero de mayo se constituyese como el día de reivindicación de los derechos de la clase trabajadora, un par de pensadores prusianos, Karl Marx y Friedrich Engels, establecieron que el motor de la Historia era la lucha de clases. Tomando la concepción hegeliana del amo y el esclavo, configuraron una visión de la Historia que se desenvolvía, que avanzaba por los antagonismos entre la clase dominante y la clase (o clases) dominada. En nuestra época entendieron que esa lucha se daba entre la burguesía y el proletariado. Hablar hoy de proletariado (y casi también de burguesía), como hacían los pensadores del siglo XIX, puede parecer una antigualla a la vista de que todo son clases medias en las sociedades occidentales. Realmente si no estás en el lumpemproletariado o en la clase capitalista, todo queda dentro de la clase media. Se desvirtúa mediante este mecanismo lingüístico la lucha de clases, principalmente, y la dominación de clase.

Vivimos en los tiempos de la democracia liberal y la economía capitalista, donde es posible la libertad y se tiene acceso a todo tipo de mercancías (algunos sociólogos hablan de definir las clases según su consumo, desvirtuando el sentido de clase). El precariado, esa palabra utilizada para definir a una sola parte de la clase trabajadora, no es más que un problema de ajuste del sistema capitalista, nada que no se pueda mejorar con el emprendimiento (otra palabra clave). Pero dominación, dicen, no hay. Hay libertad porque a la mayoría se nos permite ir de un lado a otro (consumiendo, por favor) y expresarnos con mayor libertad que hace un siglo, por ejemplo. Así hemos llegado al final de la Historia y, por tanto, no hay nada más allá de lo actual, de lo contingente. Sólo progreso técnico, pero no humano. Este es el pensamiento hegemónico que conforma, al fin y al cabo, una dictadura-de-clase. Una dictadura silenciosa que permea todas las estructuras del sistema y cuya finalidad es entregar el poder y la riqueza al establishment. Aunque lo nieguen constantemente hay lucha de clases porque hay dictadura-de-clase. Y así como el establishment cambia de máscara para disfrazar su dominación, la clase trabajadora (asalariada o proletariado) también tiene las suyas para luchar en el día a día.

El acontecimiento como momento que genera un sujeto de transformación del sistema aparece siempre, y por ello la clase dominante está presta a utilizar todas sus armas para, o bien asimilarlo al sistema, o bien para combatirlo. Publicidad, control de los medios de comunicación, crisis autogeneradas, invasión de espacios y otras muchas armas que darían para un ensayo mucho más amplio. Pero todas ellas utilizadas por el establishment para proseguir con la dictadura-de-clase. Una dictablanda, si prefieren el término más español, pero una dominación de clase. Por ello es conveniente difundir que sí hay lucha de clases; que sí hay dominación; que sí hay que seguir trabajando cada día frente a las estructuras de dominación de los poderosos. Por ello, sólo queremos ofrecerles unos apuntes sencillos y claros para tener conciencia de lo que nos jugamos día a día.

Que no le digan que no hay lucha de clases cuando:

a) Se rescata a las entidades financieras con miles de millones de euros (60.000 en España), los cuales difícilmente devolverán y mientras se deja en la miseria a las personas.

b) Se bajan los intereses del dinero a los bancos y entidades financieras (fondos buitre incluidos) y se permite que éstos sigan subiendo las comisiones y los intereses a las personas. Dinero barato para las corporaciones financieras y caro para las personas.

c) Ha aumentado el número de millonarios durante la crisis y los fondos de inversión se están haciendo con casi todo (empresas incluidas), mientras la población apenas tiene para llegar a fin de mes.

d) Los gobiernos, unidos al establishment, ponen en marcha la acumulación por desposesión, o lo que es lo mismo, transformar en capitalista un espacio que era público como la Sanidad o la Educación.

e) Dicen que no hay dinero para pensiones públicas (luego aparece) para generar entre la población la necesidad de establecer fondos de pensiones privados, los cuales no son rentables (no habrá una buena pensión al final), pero permite a las entidades financieras seguir con el proceso de acumulación. Dinero fresco en constante movimiento (flujo de caja a mansalva) que enriquece a los especuladores, sin derivar esos beneficios a las pensiones futuras, sino en el bolsillo de los ricos muy ricos.

f) Se critica la educación pública para provocar que las personas se gasten el dinero en cursos de postgrado carísimos, aun cuando saben los capitalistas que el resultado final será el mismo que si hubiesen estudiado en la pública, nada. Cero. Pero en el camino se consigue hipotecar a estas personas justo al comenzar su vida laboral. Así el trabajador ya acude manso y sin protestar al tajo pues si se queda sin trabajo no podría pagar el crédito de estudios.

g) Se habla de emprendimiento como maná para solucionar la vida de las personas y no es más que una forma de dominación social. Se transfieren los gastos de capital constante y de capital variable a la persona que acaba haciendo un trabajo para otra persona que es quien realmente dispone de los recursos productivos más allá del trabajo. Es decir, que el emprendedor pone los medios de producción y los gastos sociales y salariales para trabajar encadenado a un empleador o empresa más grande. La empresa grande transfiere los gastos de capital constante y variable al emprendedor. Pero así se le hace ver que ya no es clase trabajadora (hace lo mismo con más gastos además), que ya es un “individuo” capaz y si algo falla y pierde los contratos es culpa y responsabilidad suya. Y sin protección social.

h) Se quitan asignaturas como arte o filosofía de los planes de estudio para incorporar emprendimiento o contabilidad o religión (como ha pasado en Madrid), gracias a lo cual la clase dominante borra mecanismos de rebeldía, de pensar por sí mismas a las personas. Te quieren emprendedor para que acabes tomando antidepresivos por el constante esfuerzo físico y psíquico (la culpa de no avanzar en la vida) dentro de la sociedad del cansancio. Y deprimido y drogado es más sencillo controlarte y evitar que te rebeles.

i) Se programa basura y concursos banales pero donde prima la competición individual. Así el establishment te insufla que veas al otro como un antagonista, no un posible aliado. ¿Por qué programan Operación Triunfo y temas así? Si se analiza la vida de los concursantes, como mucho uno ha logrado algo musicalmente en su vida. El resto pena por los escenarios viviendo del recuerdo de lo que nunca fueron. Pero son programas cuyo mayor símbolo es la individuación, el individuo sobre el grupo. Y, sin embargo, los que saben de música son conscientes que la fuerza musical reside en el grupo, construir una o dos ideas en conjunto. Los grupos casi no existen en la música actual, es más casi ni los músicos en favor de tipos que hacen ruidos con ordenadores. No quieren que la gente se agrupe en nada porque eso es peligroso.

j) Dirán que hay numerosos programas de debate en los medios audiovisuales, pero sólo se habla de lo que quieren los poderosos. De vez en cuando cuelan una cosa radical, pero marginal al sistema para contentar (que si el ducado de Franco y cosas así). Todo ello nutrido por todólogos o doxósofos (los que hablan de lo que interesa al sistema) que, casualmente son los mismos para los distintos debates en distintas cadenas. Una forma más de generar hegemonía y contrarrestar la lucha de clases. Mientras los espectadores se pelean en el debate espectacular no están en la calle haciendo la noticia, haciendo la Historia.

Estos son sólo ejemplos a los que ustedes mismos podrían añadir casos hasta completar el abecedario. Pero cuando el 20% de la población mundial posee el 80% de la riqueza, es que hay sin duda lucha de clases. Al menos los de la clase dominante (el establishment) lo tienen claro, sea Florentino Pérez, sea Mark Zuckerberg. Aunque nos parezcan distintos son lo mismo, tienen los mismos intereses y están unidos para ganar más y no repartir. Y mientras la clase popular, la clase asalariada, la clase trabajadora no tome conciencia de la lucha, ganarán ellos siempre. Sin lucha no hay victoria. Sin lucha no hay liberación. Sin lucha sólo hay barbarie.

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