¿Estamos ante una conspiración como la que se produjo en los años 90 contra el PSOE desde los medios de comunicación? No seguramente. Si se recuerda, tras ganar las elecciones de 1993 el PSOE de Felipe González, se desató una conjura (con muchos necios) contra el partido socialdemócrata. La táctica fue descrita perfectamente por Luis María Anson en una entrevista en la revista Tiempo y consistía en amplificar, cuando no en inventar, diversas noticias que dañasen la imagen de González, del PSOE y se generase un clima tal que no quedase más remedio que nuevas elecciones o un gobierno de concentración (llegaron a pensar en Mario Conde como presidente). En esta conspiración, donde se untó a cualquiera que fuese capaz de presentar cualquier documento, prueba o chisme sobre una banalidad del PSOE, la derecha mediática abrió las puertas de par en par a cualquiera, sin importar su posicionamiento ideológico, que estuviese frente al Gobierno. Así personajes como Antonio García Trevijano podía pontificar tranquilamente desde Antena 3, en un famoso programa dirigido por Jesús Hermida, contra González.

A esta política de puertas abiertas a cualquiera se sumó Julio Anguita. Le entronizaron desde los medios más reaccionarios que se recuerdan como el verdadero guardián de las esencias de la izquierda y él contribuyó a esa conspiración en la creencia de que acabaría con González y el PSOE y la clase trabajadora, ahora que podía ver la “verdad”, le llevaría hasta donde la el espíritu de la historia decía que debía estar, al frente de la lucha de clases. No dudó en ningún momento en sumarse a todas las propuestas que le presentaban desde los medios de la entente conspirativa. Su Teoría de las dos orillas, donde el PP y el PSOE estaban en el mismo lado del neoliberalismo, por muy cierta que pudiese ser, sólo se la compró el 10% de la ciudadanía dejándole en 21 diputados en el Parlamento en 1996. No pensó Anguita que al enfrentar al PSOE, que para muchas personas era (y es) de izquierdas, rodearse de la derecha más salvaje y neoliberal (con el tiempo la más corrupta también) estaba corrompiendo su propio discurso. Una izquierda que, por subir en escaños, perdía lo que pudiese haber de real en el análisis que hacía de la realidad. Estaba trabajando, consciente o inconscientemente, en favor de la clase dominante que pudo ganar las elecciones de la mano de José María Aznar.

Hoy no existe esa conspiración, como mucho una lealtad hacia los medios e intereses de George Soros, que no deja de ser un señor de la clase dominante. Pero sí están dando pábulo a las crónicas, análisis y relatos de la clase dominante. Si son asiduos de las redes sociales habrán visto cómo desde cuentas de personas de Podemos, bots y demás trolls se están poniendo videos de Francisco Marhuenda, se alaba a María Claver o se sitúa en un altar a cualquier periodista que critique al PSOE y, en especial, a Pedro Sánchez. Como le sucedió a Anguita en 1996, lo que hacen con esta estrategia de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” es situar a la clase dominante en el poder. Si ya es complicado que un discurso verdaderamente de izquierdas (en sus muchas versiones) pueda penetrar a través de los aparatos ideológicos de dominación de ese bloque en el poder, si se permite que los edecanes de la clase dominante expongan tranquilamente sus argumentos se acaba negando la posibilidad de transformación de las mentalidades.

Es absolutamente incomprensible que Podemos Comunidad de Madrid, para criticar a Sánchez, a lo que está en su derecho evidentemente, utilice, como pueden ver en el tuit de más arriba, un artículo del diario El Mundo. Para más inri el artículo está escrito por Jorge Bustos, el autocalificado de cipotudo, y al servicio de la causa contraria a todo lo que huela a clase trabajadora o izquierda. Dan categoría de análisis a algo que no es más que propaganda al servicio de la clase dominante, a lo que hay que añadir que el artículo es una retahíla de memeces e insultos a la persona del secretario general del PSOE. Desde Podemos gustan de insultar a quien piden que se reúna con ellos a pactar un gobierno. Si ya criticamos que el alcalde de Valladolid entrase en ese juego de insultar a las personas de Podemos, normal es que nos parezca deleznable insultar a quien debería ser tu socio.

Si no están seguros de que desde Podemos está haciendo el juego a la clase dominante, sólo hay que ver el artículo de Pablo Echenique en El Confidencial, el medio de los bancos por excelencia. Está bien que el dirigente de Podemos se exprese pero, al menos, podía utilizar algún medio más a la izquierda. Y si le da un poco de apuro que sea Público, o está peleado con ese medio, hay otros en los que expresarse. Además para decir lo que ha dicho, le valía cualquier hoja parroquial. En un análisis que demuestra carecer de la mínima cultura política. El título “Expulsando de la democracia a 3,7 millones de españoles” ya es toda una muestra de falta de rigor analítico. Si se piensa bien, realmente de la democracia se expulsaría siempre a millones de españoles cuyos partidos no están en el Gobierno. Es un problema de desconocimiento de los principios democráticos, que la soberanía popular no reside en el gobierno sino en el Parlamento. Y si esos millones de ciudadanos están representados no están fuera de la democracia. Si lo dice por no estar en el Gobierno, sin haber pactado ni una sola medida programática (que esto lo esconden siempre), tres cuartos de lo mismo. Aunque en el caso de Podemos podían haber tenido tres ministerios y una vicepresidencia para Irene Montero (la número dos del partido) y no lo quisieron (que hay que recordarlo día tras día). Por cierto, habría que recordar que es el mismo El Mundo que ahora difunden el que ha utilizado a una “prima tercera” (o una señora que pasaba por allí que lo mismo da) de Montero para decir que quieren mucho a la chiquilla pero que no la ven como vicepresidenta. Lo dicho casquería y carroña.

Lo peor de todo esto no es la campaña por ganar el relato, con esa actitud no hacen más que hundirse un poco más cada día o cometer un suicidio. Lo peor de todo esto es que como formación que se dice de izquierdas, aunque sea una bohemia burguesa, está haciendo el juego a los medios de la clase dominante, impidiendo que los valores de esa izquierda plural sean hegemónicos. Que unos gramscianos no sepan esto es para preocuparse. Pueden protestar contra Sánchez y el PSOE, sin lugar a dudas, y hasta puede que tengan razón en muchas críticas de las que hacen, pero si lo haces apoyándote y utilizando a los agentes ideológicos de la clase dominante, no digas luego que te preocupa la clase trabajadora porque estás nutriendo la lucha de clases en favor de los dominadores. Están confirmando y asegurando el discurso hegemónico de ese bloque en el poder que les olvidará, como hizo con Anguita, al minuto siguiente de haber logrado su propósito, que no exista un gobierno de izquierdas, así sea de coalición o de cooperación. No se dan cuenta en Podemos que acaban jugando en favor de la persistencia de una dominación, aunque es comprensible en el caso de alguno de sus dirigentes que no son más que pequeños burgueses jugando a la rebeldía (no la que compartía Camus por cierto), que no revolución.

En todo este folletín que alimenta la política espectáculo, con la cual las cuestiones importantes, los análisis materialistas y la lucha quedan arrinconados, todos han tenido su parte alícuota de culpa. No son ni unos muy buenos, ni los otros muy malos. No, pero hay algo que es claro, si te dices de izquierdas, si te dices gramsciano, si te dices que te preocupa la gente (así en abstracto), lo suyo es que no alimentes a los medios y los edecanes de esos medios de la clase dominante que son utilizados para seguir ganando en la lucha de clases. Es de primero de izquierdas entender que, por muchas batallas teóricas y prácticas que existan, la solidaridad de clase debe prevalecer. Juan Carlos Monedero hace un panegírico sobre la fraternidad para derrotar al algoritmo de la derecha y luego es el primero que, más allá de la contingencia, se pasa el día criticando al PSOE de ser algo peor que el PP. ¿Qué ha dicho Podemos en estos días sobre los tratados de libre comercio, de la mochila austriaca, de los planes de pensiones privados que imponen desde la UE, de tantas y tantas cosas que deberían estar presentes en los análisis? Nada, porque el programa parece que no les interesa. O cuando menos parecen mostrar en público que eso de las propuestas programáticas no importa, sino los cargos. Otra paradoja es que critican al PSOE por hacer lo que ellos están haciendo, lo que no es que sea populismo sino gatopardismo.

Como Echenique en su artículo, están en el ensimismamiento (debe ser por lo de los círculos, esos mismos que han dejado sin sentido, por cierto), en el ego y no en el “nosotros, la clase trabajadora”. Paradójicamente, los que dicen que hay cosas que sólo puede hacer una ministra de Podemos, que hablan y no paran de lo buenos que son, apoyan un artículo de un periodista que blanquea el fascismo, más de derechas que la puerta de la fundación Franco y que dice que Sánchez es un ególatra. ¡Como si en los demás partidos no hubiese egolatría! Que alguien tan entregado a la causa pablista como Alberto Garzón acabe apareciendo como el único que se preocupa por las cuestiones programáticas dice mucho en contra de la oligarquía de Podemos. Siguen intentando en la formación morada conseguir cargos y nada más que cargos, sin saber para qué, pero no se han debido enterar, el dirigente de IU lo ha captado al vuelo, que el PSOE ya no les va a ofrecer ministerios. Los rechazaron y esa oferta se pierde en buena lógica. Así que sólo les queda hablar de programa o, como están haciendo ahora, entregarse al poder mediático de la clase dominante para hacer el juego a los fascistas. Como dice algún anticapitalista o personas del PCE, tampoco pasa nada, así hay tiempo y posibilidad de crear algo a la izquierda del PSOE que sea digno de calificarse de izquierdas y que no haga el juego al establishment.

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