El fascismo ya se ha asentado en nuestro país y, lo peor de todo, es que los partidos de la presunta derecha democrática están comprando su mensaje para conseguir apoyos electorales. Vox a empezado a exigir la derogación de las leyes de género porque, según su mentalidad patriarcal, discriminan a los hombres respecto a las mujeres, un argumento que los datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial desmienten. Las leyes de protección de la mujer no discriminan más que a los criminales machistas que maltratan y asesinan a las mujeres, sólo a los hombres que odian a la mujer o que se creen superiores.

Pablo Casado se ha quitado la careta definitivamente y se está mostrando como un machista más, como un defensor de los valores antidemocráticos que defienden Abascal, Serrano, Seguí u Ortega Smith. En su campaña de las primarias ya afirmó sin ningún rubor que su proyecto captaría a los votantes de Vox (entonces una minoría muy minoritaria) porque había muchos puntos en común entre ambos partidos. Poco ha tardado Casado en cambiar su lenguaje tras la exigencia de Vox de derogar todas las leyes de género. Ya no habla de violencia contra la mujer sino «violencia familiar», un concepto peligroso en el que pueden encontrar coartada todos los maltratadores de este país.

Vox pretende crear una situación en España similar a la que existe en Rusia donde Vladimir Putin despenalizó la violencia machista. Casado y García Egea han comprado esa pretensión y pretenden arrastrar a su partido hacia el machismo más cruel.

Ciudadanos, por su parte, ha sido contundente a la hora de rechazar las peticiones de Abascal, Serrano y Ortega Smith. Sin embargo, en su programa electoral de 2.015 ya incluyó el mismo concepto de «violencia familiar» que defienden Vox y el PP de Casado. ¿Hasta cuándo aguantará la presión Rivera para subirse también al carro del machismo? La respuesta es sencilla: hasta el momento en que el sillón de Juan Marín peligre.

Los logros de varias décadas conseguidos con sangre, sufrimiento, destierro y persecución de la violencia machista no pueden convertirse en moneda de cambio para obtener un poder con el que, a buen seguro, podrán ofrecer espacios de privilegio y corrupción para las élites nacionales e internacionales que operan en España.

Si los machistas no maltratasen, no asesinasen, no violasen ni ejercieran comportamientos terroristas contra las mujeres, atentando contra la igualdad y la diversidad real, en concreto, contra los derechos humanos, no harían falta leyes de protección para la mujer. Si los machistas a los que defienden Vox, el PP de Casado y, con la boca pequeña, el Ciudadanos de Rivera, no fuesen máquinas asesinas que destruyen física y moralmente a seres iguales, a mujeres, madres, hermanas, hijos, el Estado no tendría que legislar para amparar a la mujer. Es así de sencillo.

¿Cómo se puede aceptar en un país democrático que haya partidos que den protección a verdugos, a terroristas, a violadores y maltratadores? ¿Cómo pueden protegerse, en democracia, la desigualdad y la xenofobia? ¿Cómo podría justificarse ante el mundo y ante Dios —soy creyente— el dar protección a la «maldad» en vez de a la bondad? ¿Cómo podría justificarse proteger al indigno en vez de la indignidad? ¿Cómo podrán justificar proteger a Judas, al traidor y crucificar al justo, al leal, al ético, a la verdad? ¿Cómo se puede proteger a quienes lapidan a la mujer que Jesús perdonó? El PP y Ciudadanos sólo lo podrán justificar vendiendo su alma, sus conciencias y su existencia a Satanás por treinta monedas de plata.

La triple entente PP-Vox-Ciudadanos, si finalmente alcanzan el poder, lo pondrán al servicio de los intereses espurios de las élites. Ya hay corruptos venezolanos que ponen titulares al servicio del fascismo y de quienes les apoyan.

Ante estos comportamientos, ¿qué acción política está desarrollando o está dispuesto a desarrollar el gobierno de Pedro Sánchez? Al fin y al cabo, aún gobierna…, ¿o no? ¿Qué está dispuesto a hacer Podemos y el resto de partidos que llenan los kioskos de productos «progresistas y humanistas»? Y…, finalmente, ¿cómo resolverán ahora la «lideresa» y su corte el problema de la sociedad o sociedades que mantienen con Marín, de Ciudadanos, vía la India?

Por el bien de las mujeres, por el bien de la democracia, hay que parar a esta entente con progresismo, con medidas sociales y con una unidad de los demócratas que frenen definitivamente a quienes pretenden utilizar los canales de la democracia para imponer en España un nuevo régimen autoritario.

 

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