Mientras estábamos despistados con los exabruptos, las memeces, las inculturas, las boutades y las ignominias de Pablo Casado, han presentado sus propuestas económicas que más bien parecen una copia mala entre el neoliberalismo thatcheriano y el capitalismo de amiguetes que realmente fue. Nada nuevo en las pretensiones reales de un partido que realmente querría un Estado mínimo, central y autoritario antes que esta “democracia pluralista de autonomías y piojosos perro flautas”. En términos generales quieren tanto Estado como les sirva mejor a sus intereses y el de sus amigos del establishment para seguir perpetrando el saqueo a los bolsillos de la honrada ciudadanía.

El ojo lo tienen puesto en la Sanidad y la Educación, lo que puede resultar paradójico pues son competencias de las Comunidades Autónomas, pero, ahí está la clave, por ello apuestan por recentralizar ciertas competencias. Como advertimos que va a suceder en Andalucía, y ya se han dado los primeros pasos, la Sanidad es el verdadero y más goloso pastel al que hincar las manos para que sus amigos los grandes empresarios de servicios y los fondos de inversión que están detrás se llenen los bolsillos. Al ser empresarios, a los que se puede calificar de empresarios parásitos, incapaces de crear riqueza por si solos, sino que viven de lo que pueden ir rascando al Estado, sea mediante cárteles o mediando oligopolios, carecen realmente de un flujo de caja constante y de ingresos propios. Necesitan dinero con urgencia, así como los fondos que mandan sobre esas empresas para poder repartir dividendos.

En la Sanidad se irán quitando guardias y recortando salarios de muy diversas formas, se parará la inversión y se comenzará a derivar todo lo que se pueda a las empresas privadas con la excusa de que lo público está mal gestionado. Es un procedimiento conocido de sobra que acaba en Hospitales gestionados de forma privada y que acaban costando 300 millones más que si se gestionasen de manera pública. Se ha sufrido en Valencia y Madrid, que son los grandes modelos de los iluminados del PP. Mayor gasto para las arcas públicas pero el mismo servicio. Así, al final sin darse cuenta no habrá ni sanitarios, ni infraestructuras en lo público y el cambio será tan sencillo como un Decreto Ley.

Con la Educación sucede algo parecido. Esa manía de estar aprobando universidades privadas (tres nuevas en Madrid) cuando ya existen plazas de sobra, supone en el nivel universitario recortar en los estudios de postgrado para que los alumnos acudan a los centros privados mediante una financiación pública pero electiva. De esta forma los centro públicos se quedan sin los estudios que otorgan prestigio en las clasificaciones internacionales (que no dejan de estar manipuladas en todos los aspectos) y se acaba diciendo que es mala la educación pública y toca cerrar centros. Esto por lo que respecta a la Universidad a la que no quieren que acudan los hijos de las clases bajas para poder explotarlos mejor, especialmente al señalarles como incapaces y carentes de mérito y así doblegarles la moral.

A nivel la escuela sucede algo parecido. Todo para los centros concertados y nada para los públicos. La semana pasada Casado y su alter ego femenino Isabel Díaz Ayuso lanzaron su campaña en favor de la concertada afirmando, incluso, que servía para apoyar la libertad de elección de la personas. No deja de ser una estupidez pues la elección de una escuela o un coche nada tiene que ver con la autonomía personal que es donde reside la libertad, aunque estos dos reaccionarios incultos no lo sepan, pero señala el camino que se quiere recorrer. Apoyando a la Escuela concertada, que no deja de ser un mecanismo de apoyo a lo público, algo que se olvida, se evitan tener que invertir en nuevas infraestructuras escolares y mantener las existentes. Siempre que haya una empresa que ofrezca sus servicios les es más sencillo llenarla de millones antes que financiar correctamente la pública. Te venden que han construido nuevos centros, incluso en sitios de ricos, pero claro te esconden que lo hacen para los hijos de inmigrantes, los pobres y esas gentes “desviadas” no se mezclen con niños católicos, apostólicos y romanos. Caja para empresas privadas y el camino hacia la privatización abierto.

Con las pensiones, ya lo dijo Daniel Lacalle, hay que favorecer los mecanismos privados. Las pensiones públicas han sido puestas en cuestión no sólo en España sino en la Unión Europea. No pueden permitirse los grandes fondos de inversión que haya tal cantidad de dinero líquido en manos de los Estados y que ellos no puedan meter mano. Necesitan dinero fresco porque el sistema de financiarización que ha venido sosteniendo al capitalismo en las últimas décadas, que no deja de ser mera especulación a futuros, está agotándose y el último lugar que queda son las pensiones públicas. Quieren entrar con todo a por esa tajada y sin garantizar que las personas acaben teniendo una pensión en el futuro. El PP, hay que decirlo claramente, no quiere pensiones públicas sino privadas para que la fracción financiera se nutra. Quieren entregar el esfuerzo de las personas y empresarios en manos de viles especuladores.

Y para todo ello necesitan recentralizar y echar funcionarios a la calle. Tanto de las administraciones locales como autonómica y estatal. Reducir el Estado y recentralizar las competencias no es por un motivo patriótico como venden, sino algo mucho más prosaico y banal. Quieren reducir el Estado para privatizar todo lo anterior y poder controlar mejor a las personas, poder tener en una sola mano los mecanismos de represión del Estado e ir avanzando hacia un Estado autoritario. Saben que la siguiente crisis capitalista está a la vuelta de la esquina y ya no van a poder engañar a las personas culpándolas, como la última vez. Ahora todos los dedos señalarán a los verdaderos culpables y necesitan un Estado fuerte en pocas manos. No es que les importe que el Galicia se hable gallego, pero sí le preocupa no controlar Galicia o Asturias.

Todo esto está en el programa del PP, no lo verán con estas palabras pero si se detuviesen a leerlo verían que en los intersticios que dejan los párrafos surge el aroma de lo que aquí hemos contado. No puedes reducir impuestos de manera salvaje manteniendo la misma estructura, eso sólo puede conllevar privatizaciones y destrucción de empleo público. Así que ya quedan advertidos cuando acudan a votar al mitomaníaco peligroso que es Casado y su troupe reaccionaria. No digan que no les avisamos.

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