Hace pocos días desde el PSOE de Almería volvieron a llamar la atención sobre la situación en la que se encuentra la Residencia Asistida de la Diputación. Juan Carlos Lorenzo ya expuso en ese momento las aviesas intenciones que parece tener Gabriel Amat. Su cierre porque el proyecto de obra no se ha presentado. Y todo ello a menos de un mes de la finalización del contrato entre Diputación y Junta de Andalucía. Lo que dejaría a los residentes concertados en una situación muy perjudicial. Pues hay que recordar que los ingresados en la Residencia son personas que se encuentran en un avanzado estado de Alzheimer o Demencia senil y no se valen por sí mismos. A ello las familias, en general, no se pueden permitir pagar ni una residencia privada, ni un cuidador.

En Diario 16 hemos querido escuchar la voz de los más débiles dentro de esta situación, los familiares de los y las residentes. El contacto se ha realizado con Antonio Sánchez, familiar de uno de los ingresados, y uno de los más combativos entre los familiares. Su principal preocupación, en estos momentos, es “qué va a pasar con los pacientes, si la cierran o si hay legionella”. Respecto al brote de legionella que se detectó hace meses, entienden los familiares que no se ha reproducido puesto que la “Junta hubiese tomado mano en el asunto”. Pero sí les gustaría saber por qué han vuelto los carteles de agua no potable en ciertos lugares del edificio, después de pasar todo el verano sin ellos. Aparecieron hace dos semanas y desde la dirección del centro o la Diputación nada han dicho.

“Nosotros nos pasamos el día encima de ellos si observamos anomalías pero no por todo lo que podamos ver” dice Sánchez. Podrían haberles dicho algo a los familiares, es la queja más común, sobre lo que sucede, pero salvo para anunciarles fiestas y demás cuestiones lúdicas, no se comunican con las familias para información sobre lo que ocurre dentro de la residencia.

Aunque lo que de verdad preocupa a los familiares es la situación en la que va quedar la residencia en noviembre. Desde la Junta de Andalucía, que quieren renovar el convenio, tampoco saben si desde la Diputación que dirige Amat van a denunciar el contrato y finiquitarlo o van a seguir. Sobre lo segundo no saben si en las mismas condiciones de capacidad o si van a querer reducir el número de ingresados e ingresadas. Han amenazado con más obras en Poniente, pero si son como las de Levante entienden que la residencia casi cerraría. Nos recuerdan los familiares que en la zona del levante iban a hacer obras hace casi un año y sigue ese ala cerrada y sin visos de querer acometer nada.

Con las obras que pretendían hacer en poniente se envió a la Junta un requerimiento para que sacasen a los enfermos porque “casi parecía que iba a caerse el edificio” y pasados los tres meses no presentaron desde la Diputación el informe preceptivo. Por ese motivo, la Junta de Andalucía siguió con el contrato firmado y envió nuevos ingresos tal y como estaba establecido. Amat y sus corifeos dicen muchas cosas sobre la residencia pero no demuestran nada documentalmente, como se han quejado familiares y partidos de la oposición.

“tememos que se cierre la unidad y poco a poco se produzca el cierre de la residencia” dice Sánchez en representación de los familiares. Hay que tener en cuenta que de producirse el cierre, los ingresados serían trasladados, si hubiese plazas en otras residencias concertadas, y eso podría suponer un Trastorno de Adaptación. Lo mismo pasaría si volviesen a las casas de los familiares, salvo que aquí el trastorno sería mutuo. Desde la Junta no han podido decir a los familiares nada porque no saben qué va a pasar. Por ello, los familiares no saben si los dejarán en Almería capital o les trasladarán a alguna residencia de la provincia. Saben que la Junta sí los trasladaría a otro de sus centros concertados si cerrase o no se renovase el convenio, pero sin más datos.

“¿Qué pasará con los pacientes? ¿Cuál va a ser su futuro? ¿Se les va cambiar?” son preguntas que trasladan los preocupados familiares. Cuestionados sobre si tienen algún conocimiento de privatización del centro, afirman desconocerlo por completo, pero sí que han venido observando “una clara dejación de funciones” en el centro. Las zonas verdes, “que antes estaban cuidadas, se dejan ir marchitando poco a poco, no se cuidan”. Algunos servicios se han dejado de prestar, aunque “alguno se ha conseguido mantener”. El caso es que los familiares ven que la residencia “va a peor”.

Rompen una lanza en favor del personal laboral que trata estupendamente a los pacientes. Pese a tener la misma inseguridad, los trabajadores, nos cuenta Sánchez, son muy profesionales y se ve que trabajan con mucha dedicación y devoción. Tanto es así que se han aliado para defender la residencia ante un posible cierre o ruptura del concierto.

De renovarse el contrato les gustaría a los familiares conocer en qué situación quedarán los ingresados y en qué condiciones. Mientras tanto siguen a la espera de conocer qué va a pasar, porque ni Amat, ni ninguno de sus muchachos les da explicaciones, ni se esperan hasta el último momento. Es el Amat style y un ejemplo de cómo su forma de actuar afecta a personas de carne y hueso.

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