Fuente: Podemos

Pensar en feminismo y pensar en Unidas Podemos es, en ocasiones, ver aparecer una antinomia en su máximo esplendor. En Podemos y en IU sin duda hay muchos y muchas feministas pero por las palabras y hechos que se conocen día a día queda claro que los misóginos y el patriarcado sigue campando a sus anchas en lo referente a los temas que conciernen  a la mujer. Igual habían pensado que era cosa del errejonismo y que al irse se había llevado a todas las personas que están destruyendo el feminismo desde donde más duele, desde dentro. Parece que no a tenor de la última ocurrencia de las huestes moradas. Ni más ni menos quieren modificar el artículo 139 del Código Civil para quitar la palabra “mujer” y cambiarla por “progenitor gestante”. Más reaccionario imposible porque, de primeras, hacen desaparecer al ser mujer y cambiarlo por un ser indeterminado y masculinizado. Ni las tribus bárbaras se atrevieron a tanto y no lo hicieron porque respetaban bastante más a la mujer como la antropología clásica se ha encargado de mostrar.

El citado artículo afirma lo siguiente: “La mujer podrá ejercitar la acción de impugnación de su maternidad justificando la suposición del parto o no ser cierta la identidad del hijo”. Esto supone que es la mujer la que puede quitar el reconocimiento paterno o, en términos más jurídicos, impugnar la paternidad. Una cuestión del ordenamiento jurídico que seguramente nadie se ha percatado, incluso, que existiera. Aquí Unidas Podemos quiere cambiar el texto por el siguiente: “El progenitor que figure como gestante podrá ejercitar la acción de impugnación de la filiación justificando la suposición del parto o no ser cierta la identidad del hijo o de la hija”. ¿Sirve para algo el cambio? Pues viendo la naturaleza humana y mientras los robots no sean capaces de gestar, no cambia nada el sentido porque gestar, lo que se dice gestar, es tan sólo responsabilidad del sexo femenino. Sólo pueden gestar las mujeres. ¿Para qué entonces este cambio absurdo? Ahí es donde entra en juego el antifeminismo de un sector de Podemos y una parte muy localizada de IU.

Dos son las cuestiones que están detrás de la modificación planteada, que no se llevará a cabo, pero que muestra bien a las claras que el feminismo como organización deja mucho que desear. Primero, la institucionalización de la teoría queer en los partidos postmodernos de los pequeño burgueses que acaban siendo más reaccionarios que un diputado liberal victoriano trae consigo una campaña constante contra la mujer como sujeto reprimido sexual y socialmente. Desde lo queer le niegan a la mujer su condición sexual (que catalogan de constructo social) y niegan la represión que sufre en sus roles sociales (lo que se conoce como género). Lo sexual no existe para estas personas, sólo el género que debe ser constantemente deconstruido en favor de las voliciones de cada cual. Vamos que no existen hombres, ni mujeres, sólo lo que cada cual estime oportuno ser en cada momento de su vida. Una visión postmoderna de la vida que conlleva una búsqueda constante del placer que no se puede reprimir, ni por feministas, ni por movimientos de clase. De hecho es usual que “todes les queer” (para escribirlo en su neolengua) suelen calificar a quienes les critican, con toda la razón del mundo, con cualquier palabro que incluye fobia al final. Esta parte la pueden consultar en el magnífico artículo de Paula Fraga donde explica cómo la teoría queer es perversa para el feminismo. Como dice la autora, una institucionalización de la misoginia, que es la primera fase del cambio en el artículo citado.

¿Cuál es la segunda cuestión oculta en el pretendido cambio? Legitimar la explotación reproductiva de los vientres de alquiler. Acabar con la mujer como depositaria de la maternidad en sí permite a los explotadores reproductivos poder comprarse niños y niñas sin impedimento legal. Si se fijan bien las palabras que desaparecen son mujer y maternidad y se cambian por progenitor gestante y filiación. No sólo es completamente misógino y antifeminista sino que busca por el camino poder señalar como gestante a cualquier persona, tenga o no la capacidad de gestar. Basta con que sea señalado como gestante para hacerse con el fijo extraído de las entrañas de una mujer mediante la compra de su capacidad reproductiva. Da igual que el progenitor gestante sea hombre o mujer mientras figure como gestante. Así puede impugnar la filiación de la parte contratada sin más. Una táctica como otra cualquiera del lobby explotador de la mujer. Una posición reaccionaria mediante la modificación del lenguaje en un artículo que carece de gran interés para la mayoría de las personas pero que les permite cosificar completamente a las personas.

Lo curioso es que este tipo de planteamientos sean presentados y/o asumidos por partidos y personas que se dicen de izquierdas. La postmodernidad más carca y antifeminista se cuela por los intersticios que dejan estos supuestos izquierdistas. Dicen en los medios que si comunistas, que si radicales, pero la realidad es que, ya que se jactan de haber leído a los clásicos del marxismo, no debieron comprender a Friedrich Engels en su El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. De haberlo hecho no permitirían cosas como la propuesta de cambio de terminología que se está denunciando. El problema, seguramente, es que poseen una mentalidad burguesa y para ellos todo este constructo patriarcal es lo ideal como denunciase uno de los padres del marxismo. “El primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino” dejó escrito Engels en la citada obra. El cambio propuesto no es más que una regresión y un intento de dinamitar la lucha de clases de las mujeres para acabar con esa opresión por parte del patriarcado. Mucho lenguaje inclusivo, hasta el esperpento si hace falta, pero en el fondo acaba latiendo la mentalidad burguesa que significa a la mujer como una cosa. Cosificación que en el caso de la teoría queer lleva a considerarla “progenitor gestante”. No es que sea antinatural, que lo es, sino reaccionario.

Los movimientos postmodernos, y el populismo de Podemos como del errejonismo lo es, intentan resignificar y reconceptualizar todo pero sin tocar la base misma del propio sistema. Como hedonistas andantes, al fin y al cabo; como danzantes con batukada del subjetivismo absoluto; como totalitarios moralizantes que son pretenden mediante el cambio de los significantes y los significados permitir al capitalismo seguir avanzando en su proceso de acumulación constante pero en un medio ideológico que pelea por palabras y no por cuestiones materiales. Hasta las tribus más antiguas tenían más respeto, dentro de lo que se puede entender en su coyuntura, que los que se están insertando en el campo de la izquierda con el único fin de destruir todo lo que huela a posibilidad emancipadora. Pequeños burgueses camuflados y con problemas psicológicos en algunos casos que pretenden tener a la mujer en el mismo encierro en que le viene teniendo la burguesía desde los albores de la modernidad. La modernidad les molesta por su racionalidad y reflexividad, de ahí que la deconstruyan para mayor gloria de lo postmoderno hedonista y explotador. No hay lucha de clases sino lucha de significados/significantes, algo que la clase dominante mira con satisfacción, potencia y alienta pues supone acabar con la posibilidad de transformación sistémica. Todo esto no es más que la pretensión de conformar una nueva estructura o campo ideológico que diría Pierre Bourdieu para explotar a la mujer y a la clase trabajadora, pero a ser posible que sean felices en su miseria.

El problema, visto en la perspectiva corta de los aconteceres inmediatos, es que es más que posible que Podemos obtenga el ministerio de Igualdad. Y si sobre Irene Montero, posible ministra, puede que no quepan dudas sobre su feminismo, nadie puede asegurar que el resto de los cargos vayan a parar a personas comprometidas con la mujer. De hecho, salvo alguna excepción, los textos de la formación morada, como los de una buena parte de IU, tienen un tufo queer y postmoderno que asusta a las mujeres feministas de hace años. También es cierto que las mujeres feministas han demostrado saber librar más de una batalla y si tienen que presentarla contra una ministra de Igualdad capturada por lo queer lo harán sin dudarlo. Porque son mujeres y no meros progenitores gestantes. Paradójicamente les queer que niegan la sexualidad de la mujer al catalogarlas como progenitores gestantes (con todo el machismo de no llamarlas progenitoras) acaban dando la razón a las feministas. Lo sexual determina a la mujer. Pero con tanta resignifiación, desconstrucción, reasignación y demás postmoderneces no les queda tiempo para racionalizar. Son burgueses hedonistas y reaccionarios, no se les puede pedir además que tenga capacidad analítica. Pero a los partidos que presentan ese tipo de propuestas sí. Así que Podemos e IU deberían cuando menos pedir perdón a las mujeres para empezar. Y si volviesen al pensamiento de izquierdas mejor porque, que a estas alturas de la Historia, Engels parezca más avanzado que ellas y ellos es para cuando menos pararse a pensar.

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