Dice Daniel Bernabé en su exitoso y polémico libro La trampa de la diversidad que el neoliberalismo no sólo utiliza la diversidad para quebrar la conciencia de clase trabajadora, sino que esa misma diversidad de identidades y demandas es utilizada para mercantilizarlas. Eso mismo han debido pensar en el Banco de Santander, con su presidenta Ana Patricia Botín al frente, al lanzar al mercado un fondo de inversión con perfil feminista. Habrán podido ver en algunos medios de comunicación cómo hay noticias patrocinadas, esto es, publicidad mediante el uso de un artículo, donde se habla de la creación del fondo Santander Equality Acciones, el cual catalogan como “el primer fondo español que invierte en empresas con políticas sólidas de igualdad de género”. Pura mercantilización del feminismo como se verá.

El artículo publicitario no sólo alaba lo ético que es invertir en empresas cuya Responsabilidad Social Corporativa (RSC) apoye la igualdad de género, sino también aquellas que fomentan esa igualdad en todas estructuras de la organización. Es un fondo que la propia Ana Botín valora como sostenible, con criterios de igualdad y liderazgo femenino. Una inversión para obtener beneficios de aquellas empresas que son “feministas”. Una forma de atraer a inversores especulativos con conciencia social hacia las necesidades de fondos del propio Banco de Santander. Una mercantilización de la lucha por los derechos de las mujeres para un beneficio privado, el cual nos indica que ya lo advertido por este periódico tenía un fin espurio. El feminismo de Ana Botín es impostado y predicado para una necesidad y una finalidad puramente económica, una campaña de marketing de cara al lanzamiento de este nuevo producto. No hay más, por más esfuerzos que pretenda hacer Juan Manuel Cendoya para dar una imagen positiva de una entidad que se está caracterizando en los últimos años por, precisamente, huir de la ética como elemento que genere los beneficios que no están logrando.

No hace mucho, a raíz de la reflexión sobre el feminismo que expuso la presidenta del Santander en la red LinkedIn, se afirmó en estas mismas páginas que no tenía credibilidad para catalogarse como feminista. “El fondo del artículo de la señora Botín no es más que un alegato a las desigualdades que genera el liberalismo extremo al que representa la presidenta del Banco Santander ya que va acompañado de una importante carga ideológica en la que no podían faltar los clichés de la competitividad sin medida en la que se basa el credo ultraliberal que Ana Patricia Botín representa” se decía. Ahora, con la incorporación de este fondo “feminista” a su cartera de negocios, queda patente que aquellas reflexiones de Manuel Domínguez Moreno no eran pura especulación. Al contrario, estaban fundamentadas en una mentalidad, como la del libro de Bernabé, donde la mercantilización de la diversidad (el feminismo en este caso) es al final del discurso la única meta.

El feminismo es mucho más que un fondo de inversión igualitario y unas bonitas palabras en Twitter, como hace la presidenta del Santander. Es más, siguiendo a la filósofa Alicia Miyares, el feminismo entra en contradicción con el capitalismo porque la fusión del patriarcado y el capitalismo en el sentido de la lucha por la supervivencia del más fuerte es contraria a los postulados del feminismo. No hay sororidad en un fondo de inversión, solamente ganar en la competencia con otros fondos de inversión para especular y obtener un beneficio económico. De hecho, se encuentra otra contradicción nada feminista en el manejo del producto. A su cabeza se encuentra Lola Solana, una mujer sí, pero cuyo equipo está formado solamente por hombres (Gonzalo Sanz, Javier Ruiz Capillas e Íñigo Barrera). Ni la paridad ha logrado la “feminista” Ana Patricia Botín para conformar el equipo del fondo de inversión. ¿Por qué? Porque en el fondo lo que le interesa al Banco de Santander es obtener la rentabilidad necesaria, no que las mujeres rompan el techo de cristal de los cargos directivos. En este producto el techo más que de cristal es de acero por lo que se ve.

Sin embargo, esa mercantilización de la diversidad que se ve reflejada en el tuit lanzado por el propio Banco de Santander no sólo se queda en el feminismo, sino que hace su aparición lo sostenible, lo ecológico. Ahí las contradicciones tornan en absurdo. El hecho de que el capitalismo, que es el culpable del desastre ecológico, venda fondos de inversión sostenibles roza lo esperpéntico. Para distinguirse de sus competidores, que hablan de altas rentabilidades, el Santander quiere utilizar lo social, lo que son luchas contra el propio capitalismo como destructor del ecosistema y de las relaciones sociales entre personas, para conseguir fondos. El departamento de comunicación dirigido por Juan Manuel Cendoya no da abasto para vender una imagen extraña del banco. Intentan depurar todos los perfiles de empresa capitalista y explotadora para vender una imagen de implicación social y de conciencia con la diversidad. Pero esa mercantilización de lo femenino, lo sostenible o lo diverso, en general, contrasta con los desahucios, los ERE aplicados en los Servicios Centrales tras la compra por un euro del Banco Popular, que se llevaron por delante a mujeres embarazadas o con reducción de jornada, la no subrogación de personas con discapacidad en sociedades participadas, que ha venido ejecutando el banco presidido por la “feminista” Ana Patricia Botín.

Intentar subirse a la cresta de la ola de un movimiento, el de las mujeres en lucha, que es imparable y sin vuelta atrás, para mercantilizar inversiones (o especulaciones según se vea) demuestra, una vez más, que Ana Patricia Botín no es feminista sino un puro ejemplo de esa clase dominante que intenta saquear a las personas trabajadoras. Intentar ganarse al feminismo con fondos de inversión cuya prioridad sean las empresas “igualitarias”, además, es casi atestiguar la pérdida de las inversiones porque, siendo realistas, casi ninguna empresa en el mundo ataja la brecha salarial, el techo de cristal o la conciliación laboral (el propio Santander no hace estas cosas). ¿En qué va a invertir entonces este fondo?: en empresas de alto rendimiento financiero que serán vendidas como igualitarias, ni más, ni menos. No obstante, la argucia y la estrategia publicitaria basada en la diversidad y las identidades sirven para tapar las propias miserias y falsear el perfil feminista de la presidenta del banco. Ni es feminista, ni lo será. Es una epiclera, como diría la gran feminista Amelia Valcárcel, al servicio de una familia y unos accionistas mayoritarios, todos muy hombres y muy ricos.

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