El día 5 de junio de 2.017, a las 13.57, Emilio Saracho contestaba al correo que le había enviado Antonio Rodríguez Pina, presidente de Deutsche Bank, con la oferta de ampliación de capital para Banco Popular por 2.000 millones de euros garantizados y otros 2.000 para sacar a mercado, es decir, 4.000 millones, una cantidad que, junto a la oferta de Barclays Bank podría haber alcanzado los 8.000 millones de euros. Recordemos que Rodríguez Pina ya había hecho mención a que se había puesto en contacto con el director general financiero del Popular, Miguel Escrig, en este sentido y que no había recibido respuesta alguna, a pesar de que, como el propio Escrig reconocía en un correo electrónico dirigido a Saracho que publicamos en Diario16, «Deutsche Bank está positivo sobre la ampliación… lógicamente sin saber la situación». Este correo de Escrig se envió el día 2 de junio a las 21.06, mientras el propio Saracho, Jaime Ponce y Elke König estaban preparando el inicio del Proyecto Hipócrates, es decir, la intervención y venta del Popular.

En el correo electrónico de Saracho a Rodríguez Pina, que obra en poder de Diario16, el ex presidente del Popular, que comparece hoy en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados, decía lo siguiente:

«La ampliación de capital es imprescindible y sólo es posible hacerla mediante un acceso al mercado con todos los elementos que la hacen creíble o conseguirla indirectamente mediante una operación corporativa en donde el adquiriente la realice por nuestra cuenta con las demás ventajas de sinergias. Seguimos en estas dos vías, pero afectados por los tiempos y las limitaciones impuestas por las reglas vigentes en el marco regulatorio».

¿A qué elementos se refería Saracho en el correo para hacer creíble la ampliación de capital? Si se hubiese anunciado que Deutsche Bank se iba a encargar de dicha operación, el mercado hubiera respondido de manera positiva, sobre todo sabiendo que el banco alemán tenía ya garantizados 2.000 millones de euros de grandes inversores. En segundo lugar, Saracho estaba, indirectamente, rechazando la operación al afirmar que sería el propio Banco Popular quien se iba a encargar de la ampliación. ¿Cómo un presidente que no tenía ningún tipo de credibilidad por su gestión pretendía que el Popular se hiciera cargo de una estrategia que era la salvación para la entidad? Entonces sí que el mercado hubiera dado la espalda a la operación. Por otro lado, presenta la ampliación de capital como una parte de una operación corporativa de venta. Es decir, que sólo podría presentarse a dicha ampliación la entidad que se hiciera con el banco.

Por otro lado, la respuesta, al estar compuesta de mentiras, es contradictoria per se porque por un lado pone la excusa de que hay que hacer la ampliación creíble, algo que estaba garantizado por la presencia de Deutsche Bank, y, por otro, afirma que correría por cuenta del Popular dicha ampliación a través de una operación corporativa, cuando, precisamente, la gestión de Saracho en el banco hacía imposible que existiera ningún tipo de credibilidad.

Saracho estaba ganando tiempo y por eso mintió. Sabía a la perfección que ya se había puesto fecha y hora para la intervención y venta puesto que el FROB había determinado que la intervención del Banco Popular sería el día 6 de junio, que la recepción de ofertas terminaba el día 7 y que la apertura de las plicas sería a la 1 de la madrugada. Todos los bancos españoles estaban enterados del Proyecto Hipócrates porque el FROB, a través de Arcano y Jefferies, había recibido una carta el día 4 de junio.

A la hora en que Saracho enviaba el correo a Rodríguez Pina ya se estaban produciendo las salidas de depósitos masivas por parte de las instituciones y empresas públicas, lo que estaba generando una grave crisis de liquidez que con la presentación de colaterales insuficientes al Banco de España no permitiría cubrir los 9.500 millones que tenía disponibles y, por tanto, en pocas horas estaría en condiciones de declarar la inviabilidad del Popular para su intervención.

Por estas razones, además de que ya disponía del plan de actuación para el día siguiente a la resolución que le había elaborado Uría y Menéndez, Saracho tenía que alargar los plazos con Deutsche Bank. Por eso mintió.

El día 6 de junio, en el Consejo de Administración en el que se declara la inviabilidad, Saracho ocultó tanto esta oferta como la de Barclays en referencia a las ampliaciones de capital, además de las propuestas de venta de activos no estratégicos (WiZink y TotalBank). Él ya tenía el cronograma porque fue partícipe de esas reuniones con Jaime Ponce y Elke König. ¿Para qué intentar salvar al Popular? Él había llegado con la intención de liquidarlo porque, tal y como reconoció, «no tenía ni puta idea de gestionar este banco». Lo demostró con creces y cobró por ello.

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