Decíamos hace unas semanas que como juristas no nos podíamos pronunciar sobre un tema judicial del que no conocíamos más detalles que los facilitados por los medios de comunicación, y apelábamos a todas las mujeres, a todas las Juanas, que viven con sufrimiento como el padre maltratador puede tener un régimen de visitas normalizado e, incluso, la custodia sobre sus hijos y/o hijas.

No queríamos, no debíamos ir más allá; quizás alguna de las noticias que nos llegaban  apuntaba a un asesoramiento algo errático, sin perjuicio de que las mujeres son libres para decidir cómo actuar, más allá de las recomendaciones, consejos o actuaciones de las profesionales; pero ya no nos sirve la prudencia: hoy la prudencia es cobardía. Cuando se imputa como colaboradoras o partícipes de un delito, a la responsable y a la psicóloga del Centro Municipal de la Mujer que atendió a Juana, debemos alzar la voz, clara, rotunda y contundente, contra el ensañamiento y la inclemencia del patriarcado.

Pero qué barbaridad es ésta ? Qué es esta imputación insólita y sin precedentes ? Acaso alguna vez se ha imputado a los asesores, psicólogos o abogados de los evasores fiscales, de los traficantes de armas, de los narcotraficantes, de los que comercian con seres humanos, que pueden llegar a ser verdaderos colaboradores o partícipes del delito? Obviamente no, forman parte del sistema. A qué responde, pues, esta intolerable persecución? Lo que se está castigando con la imputación de las asesoras es la transgresión, es el denominado acoso de segundo orden; ya no solo se persigue a las mujeres, sino a las personas, grupos o instituciones que apoyan a las mujeres víctimas de violencia, a las profesionales y a los servicios públicos que las amparan, son los largos tentáculos del patriarcado, con la complicidad consciente o no de una parte del mundo judicial y jurídico.

No defendemos ningún interés corporativo, no se trata de preservar la autonomía y la independencia judicial, ni la confidencialidad y el secreto profesional consustancial al trabajo social, ni el derecho a la defensa de las abogadas. Nos sentimos libres, nuestro único compromiso es con las mujeres, pero alerta letradas, a no tardar nos investigarán por asesorar y defender a mujeres víctimas de violencia; la excusa, la verdad alternativa, puede ser cualquiera, qué más da, no importa, o acaso no se nos acusa de manera más o menos explícita de aconsejar a las mujeres que interpongan denuncias falsas, cuando los datos de la Fiscalía General del Estado indican todo lo contrario?, concretamente que  en los últimos ocho años el número de denuncias falsas por violencia de género ha sido únicamente el 0,0075% del total, una cifra imperceptible y mucho menor que en el resto de delitos. La persecución y el castigo se dan por nombrar la opresión, por no seguir dócilmente y en silencio la disciplina del sistema patriarcal.

Toda nuestra solidaridad con las imputadas, estamos con vosotras, vuestra declaración como investigadas es intolerable, pero ganaremos esta batalla, la victoria final será nuestra.

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