El lunes a más tardar deberían sentarse en una mesa PSOE, Podemos, IU, Compromís, ERC y PNV a negociar un acuerdo programático con el que posibilitar no sólo la investidura de Pedro Sánchez, sino un gobierno estable para al menos tres años sino cuatro. Eso deberían hacer los representantes de todas estas formaciones si hubiese racionalidad, compromiso y fraternidad, pero parece que ni los hay en todos, ni se quiere hablar de programa no se sabe bien por qué. El Gobierno dice que se agotó la posibilidad de un gobierno de coalición pero que habrá que retomar otras vías. Bien, siéntese ya con propuestas programáticas.

En el PSOE, como ha dicho su secretario general, van a buscar otras vías pero tienen claro que no habrá entrega de cargos a Podemos. Eso es ya un tema tabú por mucho que ahora se lamenten y pidan volver a la última propuesta. Le ha sentado muy mal a Sánchez ser el único en la historia que por dos veces no haya logrado pasar la investidura. La primera tenía mucha lógica porque iba abrazado de los nacionalpopulistas de Ciudadanos y pedir a nacionalistas y demás izquierda apoyo era casi sacrílego. En esta segunda ocasión las cosas han sido distintas. Culpables todos por no haber hecho las cosas bien desde el principio y mucho antes. Pero una vez pasado el duelo lo peor que podría pasar al electorado de izquierdas es que se llegase a algún acuerdo con las derechas. Del tipo que sea, pero acuerdo.

Sánchez ya no quiere nada con Iglesias, salvo que el dirigente podemita se postre y entregue sus votos gratis. De ahí que sea romántica, aunque llegue tarde, la propuesta de Izquierda Unida de llegar a un acuerdo programático, sin necesidad de cargos, para conformar un programa de izquierdas. Alberto Garzón, que se mostró hierático durante la segunda sesión de investidura, debería haber sido más beligerante mucho antes. Ha estado haciendo seguidismo de Iglesias en la aspiración a ser ministro de algo, hasta que se ha dado cuenta de que no es más que un pelele en manos de Iglesias.

La ruptura de IU, aunque sólo sea para salvar la dignidad de unas siglas de lucha por los derechos de la clase trabajadora, es un buen punto de partida para conformar un programa de transformación. Existe una propuesta que el PSOE presentó muy tarde, pero serviría como comienzo de un debate de verdad. Un debate programático no sólo entre los dos partidos estatales sino abierto a otras formaciones. El PSOE no debería vetar como está haciendo la participación de Podemos, pero tampoco verle como el único a participar. Sin importar los diputados que tengan IU, Compromís y ERC pueden aportar muchas propuestas, que igual no gustan en Podemos pero sí en el PSOE, que al final será el que acepte o no como es evidente.

Es necesario y obligado sentarse a debatir un programa, durante todo agosto si es necesario, para que la ciudadanía pueda valorar los intereses reales de los partidos. Propuestas con su mecanismo de acción para que las personas valoren en qué se cede y en qué se acuerda. Algo que así escrito puede resultar baladí pero que no lo es en absoluto ya que, en esta política espectáculo de relatos vacíos y significantes más huecos aún, se podrían comprobar los valores de cada cual. Igual habría sorpresas y quien guarda las esencias resulta que no tiene más que agua de colonia y no perfume. O al contrario. Lo que es seguro es que sobre cuestiones tangibles y no sobre cargos se vería de verdad quién está interesado en la política pública y quien en cosas de poder simplemente. Además, y esto es muy positivo, se evitaría al camarlengo monclovita y al edecán morado, porque la estrategia de serie de televisión pierde sentido cuando no hay relatos sino discursos profundos y con propuestas concretas. Se desnuda a los reyes más fácilmente con cosas tangibles que con peleas por cargos. Eso sí, si quieren pueden quedar para jugar al ajedrez o para ir al cine, pero bien lejos de los debates.

¿Es posible lo que se pide aquí? Muy complicado conociendo el carácter de Sánchez que estas cosas las toma por lo personal. A José Luis Ábalos le queda mucho trabajo calmando al presidente. Y en Podemos es complicado que se avengan a discutir sobre políticas concretas porque, salvo dos o tres ideas sueltas, muy llamativas pero muy específicas a cuestiones muy concretas, no han presentado mucho más. No es muy claro que interese un debate programático porque deberían visualizar algo que todos saben, asumen, pero no reconocen, que hay que recortar 15.000 millones de euros, que la mochila austríaca y los planes alternativos de pensiones vienen impuestos por la Troika y que los acuerdos comerciales que se han firmado a nivel europeo hacen mucho daño a los agricultores españoles. Poner el 5G de internet en un pueblo de seis mil habitantes no va a generar el empleo que se dice sin un cambio de mentalidad mucho más amplio y sin las necesarias infraestructuras radiales. Pero que se sienten y elaboren un programa, siempre y cuando no sea con Ciudadanos o PP claro. Sin eso mejor ni acudir a la investidura, a votar y cruzar los dedos.

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