Fuente: Podemos

Todos dicen quererla, protegerla, defender sus intereses, pero la clase trabajadora al final está casi huérfana de representación en el Congreso. Unos dicen que si la clase media-trabajadora, otros que si la clase media y trabajadora, algunos que si el pueblo, pero al final, la realidad, es que los intereses de la clase trabajadora quedan siempre en el limbo con las graves consecuencias que eso tiene para las personas. Si hay dos clases objetivas respecto a las relaciones de producción son la clase propietaria y la clase trabajadora, el resto no son más que subjetivismo derivado de la reproducción perpetrada por la ideología dominante. Vistos los discursos de los distintos candidatos hasta el momento, se puede decir que Pablo Iglesias defiende a la clase trabajadora como lo que es, sin artificios, ni composturas.

Lo suyo es que el PSOE de Pedro Sánchez debería defenderla de igual forma que hacen en Unidas Podemos. No por ser socialdemócratas tienen menor compromiso que la formación morada con las demandas de clase. Pero leída la entrevista del presidente del Gobierno no queda clara esa defensa, sino todo lo contrario. La utilización, como veremos, de eufemismos, circunloquios y economicismos varios muestran bien a las claras que podría tener un ojo puesto también en la clase dominante tanto como en las demandas trabajadoras. Y eso en el tercer país donde la clase trabajadora sufre más los estragos de la pobreza es indicativo de muchas cosas. En los discursos de Iglesias, por el contrario, se pueden atisbar esas demandas de acabar con la precariedad laboral, de que no existan trabajadores pobres, ni pobreza en general, que se piense antes en la mayoría que en la minoría. Merece la pena analizar algunas frases de Sánchez para ver de qué estamos hablando.

En la entrevista concedida a Pedro J. Ramírez y Daniel Basteiro en El español afirma Sánchez ante la cuestión de los límites de la clase media: “La clase media y trabajadora pueden ser muchas de las personas que lean su diario. Es un concepto subjetivo, pero creo que el IRPF, sobre todo en el aspecto más vinculado con la nómina, es evidente que afecta a la clase media y trabajadora”. Afirma el presidente que la clase es un concepto subjetivo y bajo el discurso neoliberal así es. Es subjetivo porque esa clase media aspiracional se ha construido bajo el paraguas de la ideología dominante. Luego, siguiendo con la lógica del discurso neoliberal, casi acierta a definir la posición de clase al señalar la nómina y el IRPF como mecanismos de objetivación. Poco o nada aprendió de las clases sociales en la Universidad (privada, no se olvide), porque el poseer nómina ya es indicativo de haber vendido, eso que se llama proceso de alienación, la fuerza productiva a otro que la trata como mera mercancía. Ahí hay objetividad para saber quiénes forman parte de la clase trabajadora. La diferencia está, si se quiere hablar de clase media, de su posición en las relaciones de producción. Aquellos que comparten, mediante un salario, la dominación/explotación serán clase media. Esto es, las escalas de mando y los funcionarios estatales son clase media, el resto de forma objetiva, ganen más o menos, clase trabajadora. Pero le molesta a Sánchez decir clase trabajadora en solitario. Fíjense que dice clase media y trabajadora. Como creemos que no habrá leído a Erik Olin Wright y su clase media en una posición de contradicciones,  lo normal es que no es más que un artificio del lenguaje.

Respecto a la derogación de la ley de empleo del PP, mejor que se vayan olvidando las personas. Sin ruborizarse ha declarado en esa entrevista respecto al mercado de trabajo: “Tenemos una flexibilidad que tenemos que preservar en un momento de ralentización económica”. Así que la precariedad en el empleo, que parece que sólo se mide en términos de subcontratación, persistirá porque beneficia a los empresarios y a la economía. Y no piensa derogarla sino hacer un nuevo Estatuto de los Trabajadores que negociará con todos los partidos para crear un nuevo marco “de regulación laboral acorde al siglo XXI. Ahora tenemos los riders, los falsos autónomos, la igualdad real entre hombres y mujeres, que tiene que ser incorporada de manera mucho más fehaciente a nuestro ordenamiento laboral, la racionalización de los horarios laborales, familiares y personales o los derechos de propiedad intelectual de los trabajadores en el propio puesto de trabajo”. Ni una sola mención de la temporalidad, la explotación o las cuestiones que afectan realmente a toda la clase trabajadora. Pero no se asusten que esto ya lo tiene cerrado con los empresarios: “En mis conversaciones que tengo con los empresarios, ellos son conscientes de que tenemos que caminar hacia un nuevo ordenamiento laboral”.

Esto, al menos, no se encuentra en el discurso de Iglesias. Tendrá otras cuestiones erráticas y a mejorar sin duda, pero cuando menos sabe que la clase trabajadora es la que más ha sufrido el austericidio y que los malos son la clase dominante. Sánchez se encuentra cómodo con quien debería ser al menos su contrincante. Hablar con los empresarios para un nuevo Estatuto de los Trabajadores es como meter al zorro en el gallinero, además ya sabemos que su ministra de Economía, Nadia Calviño, está deseosa de meter la mochila austríaca en la legislación. En la presentación del programa morado no habrán escuchado frases de ese estilo, ni deseos de consenso (mecanismo de dominación por antonomasia), bien al contrario Iglesias ha hablado de disputa y confrontación para la consecución de las mejoras necesarias. Ha señalado, por ejemplo, a las grandes empresas como los mayores contaminantes, no como hacen otros que parecen cargar el peso de la culpa en las personas: “Hay 100 empresas multinacionales que son responsables del 70% de las emisiones. Cuando decimos que hay que crear una empresa pública de energía, estamos diciendo que es la única forma de apostar por las energías renovables”. Un discurso estatista si se quiere, pero donde las demandas de clase se ven reflejadas: “Los derechos sociales que consagra nuestra Constitución son la base del programa de Podemos. Los derechos de la gente y los servicios públicos siempre han estado y estarán en el centro de nuestras políticas”.

Oculto, tal vez, bajo el populista “la gente”, Iglesias, como han hecho los demás intervinientes ha desgranado lo que hoy es esencial para la clase trabajadora. Muy lejos de la flexibilidad laboral que tanto gusta a Sánchez y al FMI. Pero ha dado en la clave principal, que es eludida hacia lo neoliberal por el presidente Sánchez: “La pregunta es cómo vamos a defender los derechos de todos cuando llegue una recesión económica. De eso van estas elecciones, de quién defiende a las familias españolas y a la gente”. ¿No es la vivienda digna una demanda de esa clase trabajadora que apenas puede llegar a fin de mes? ¿No es tener los servicios mínimos una demanda de la clase trabajadora? ¿Qué miedo hay al intervencionismo o a la nacionalización de empresas fundamentales como las energéticas? ¿Acaso la corrupción no es un elemento que impide que la clase trabajadora disponga de mejores servicios sanitarios, educativos o burocráticos? Todo eso, bajo el populista término de la “gente”, es lo que han defendido con vehemencia Iglesias y las demás personas. Menos España como concepto y más España como bien común parecía el eslogan de la presentación.

“El PSOE puede representar a los moderados que Rivera ha dejado huérfanos” ha dicho Sánchez en la segunda parte de la entrevista, lo que inconscientemente indica un posible giro hacia el centro derecha. Está más preocupado de establecer reglas institucionales que le permitan ser presidente del Gobierno sin tener que negociar con alguien (que gobierne la lista más votada porque sí) que por las cuestiones materiales del día a día. Ese ensimismamiento sanchista provocaría una destrucción de la base de la democracia parlamentaria y todo porque parece que a él le molesta dialogar para llegar a acuerdos gubernamentales. No quiere en el gobierno a nadie, incluso a costa de una inestabilidad política mayor que la repetición de elecciones. ¿Imaginan un gobierno sin mayoría cómo aprobaría los presupuestos? Tras haber escuchado a Casado ofrecerse para pactarlos, ya sabemos dónde quedarían las demandas de la clase trabajadora.

¿Aparece Sánchez como negacionista de la izquierda?, término que le parece sólo utilizable para eslóganes publicitarios, porque ha alabado lo que significa ser progresista: “El concepto progresista representa a más gente”. De ahí que sólo quiera acuerdos de Estado para los que, reconoce, tendrá que pactar con PP y Ciudadanos. ¿Cuáles son esos pactos de Estado? ¿Reforma pensiones, de relaciones laborales y alguna cuestión de políticos como el sistema electoral? Esas tres cuestiones afectarán a la clase trabajadora directamente, por ejemplo. La primera por garantizarlas de acuerdo al nivel de vida; la segunda para acabar con la explotación precaria; y la tercera para no negar la representatividad de clase. Sin embargo, pactar con la derecha esos tres temas no indica nada bueno en beneficio de cumplir con las demandas de la clase trabajadora. Iglesias, cuando lo ha hecho, al menos ha mostrado estar más cerca de esa clase que de la dominante. Por eso el título del artículo, con todos sus errores a día de hoy sólo Iglesias defiende a la clase trabajadora.

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