Las encuestas dicen que podría ganar de nuevo. Los contrincantes dan por hecho que el PSOE-A volverá a ganar unas elecciones andaluzas. En el PSOE de Andalucía lo dan por hecho pero quieren que los resultados sean mejores que hace casi cuatro años por aquello de molestar más allá de Despeñaperros. Pero Susana Díaz no tiene quien le quiera. Ninguno de sus tres contrincantes electorales quiere pactar con ella un acuerdo de Gobierno. En algunos casos por una cuestión de estar mirando otras elecciones y no quedar marcados (como podría ser el caso de Marín) y en algún caso concreto por conciencia y los ataques viperinos que han tenido que aguantar durante la pasada legislatura (Adelante Andalucía). El PSOE-A ganaría pero su cabeza de cartel podría ser un problema.

Sus hasta hace poco socios de gobierno, Ciudadanos, han dicho que colaborarían en algún pacto concreto pero que no piensan apoyarla como presidenta de la Junta de Andalucía porque no ha cumplido todo lo acordado. Siguen agarrándose a los aforamientos, aunque hasta que no cambie la legislación estatal poco se puede hacer. De hecho en Madrid lo pidieron pero lo olvidaron tan rápido como Juan Marín. Éste se ha sacado ese argumento para no quedar como un memo frente al electorado porque se ha pasado toda la legislatura adorando a Díaz y sin ponerle en aprietos. Ahora necesitaba algo a lo que agarrarse pero la ciudadanía andaluza sabe perfectamente que es mentira. Han dicho que no pactarán y media Andalucía no se lo llega a creer. Si fuese por Marín el mismo domingo sacaba a hombros a Díaz por Sevilla, pero sabe que su cuello depende de Madrid y se atendrá a las indicaciones de Albert Rivera, quien estirará la goma tanto como pueda sin importarle volver a repetir elecciones y que pudiesen coincidir con unas generales. O podría darse el caso de que, una vez haya ganado, Díaz comience a hablar de temas estatales como ha hecho constantemente en contradicción con Ferraz.

Juan Manuel Moreno Bonilla firmó ante notario que no pactaría, ni la haría presidenta. En este caso se suma, además, un claro choque ideológico y entre los partidos del bipartidismo imperfecto que no se quieren salvo en contadas ocasiones. No devolverá el favor a Díaz el PP, ese que se le deben cuando tras decir “a éste lo quiero muerto” consiguió que Sánchez I dimitiese y dieron el gobierno a M. Rajoy con una vergonzante abstención. Son poco generosos en la calle Génova (al menos con los adversarios porque ellos bien que se ponen sobresueldos) y no le permitirán a Díaz gobernar. A ello se suma que no se sabe bien si Moreno Bonilla seguirá al frente del PP-A el día 3 de diciembre o le habrán cortado el cuello la misma noche del 2. Por tanto, como sucede con Ciudadanos, las decisiones se tomarán pensando a nivel estatal, no en Andalucía y sus problemas. No quiere a Susana ni en pintura hoy, salvo que pueda servir de ariete contra el presidente del Gobierno, pero ya habría pasado el tiempo de componer gobierno.

En Adelante Andalucía ya lo han dicho por boca de su candidata, a Susana Díaz ni agua. Y han dado las explicaciones: por apoyar la formación del gobierno del PP; por no haber tenido conciencia social; por haber negado a Andalucía en cuatro ocasiones y querer marcharse a la calle Ferraz; y porque entienden que el susanismo no es más que el liberalismo social del establishment. Astutamente Antonio Maíllo lleva toda la campaña diciendo que el socialismo, el de verdad, está en Adelante Andalucía no en el PSOE. Ahí sólo hay liberales camuflados. Además se suma que Díaz y sus redes del partido se han pasado criminalizando personalmente a Teresa Rodríguez. Y las ofensas se pagan con el tiempo. Entre ellas existe un odio visceral, que quedó patente en los debates televisivos, y eso es un impedimento para hacer presidenta de la Junta a Díaz. El PSOE-A podría mantener el gobierno pero con la cabeza de la trianera en bandeja de plata. Así, la unidad de las izquierdas no podría ser por culpa de una persona: Susana Díaz.

A Díaz le queda el llorar como la zarzamora y decir que no quieren los demás la estabilidad de Andalucía. Pero ha cometido tantos errores, ha maltratado tanto personalmente a sus adversarios, ha querido ser la Califa en lugar del Califa, ha seguido la voluntad del establishment, ha hecho mal todo aquello que no podía hacer mal y hoy nadie quiere pactar con ella. Si a eso se le suma que los partidos con una visión menos regional y dependientes de Madrid (PP y Cs) querrán dañar al partido en el Gobierno y no les importa eternizar la proclamación de la presidencia, Díaz lo tiene mal para gobernar en breve. Con las vacaciones de navidad y el parón político no se notará que no hay gobierno pero los días contarán. Díaz se paseará por todos los medios que están a su servicio llorando, pero tendrán que ser los empresarios, la clase dominante, el establishment, como la última vez, quienes intervengan en favor de ella. Favor que se cobrarán como llevan haciendo estos cuatro años.

Demasiados problemas tiene Pablo Iglesias, quien está en modo electoral además, para forzar a Rodríguez y más con la ilusión que ha despertado la confluencia de Adelante Andalucía. No es tan poco inteligente como para forzar algo que podría perjudicarle a la vuelta de las vacaciones con elecciones generales y locales. Así la actual presidenta tendrá que penar y purgar sus culpas de una legislatura en la que actuó como si tuviese mayoría absoluta. Aunque podría darse una suma de las derechas y desbancarla o podrían esas derechas hacer presidenta a Rodríguez temporalmente. O igual, después de tanto hablar, Vox podría hacer presidenta a Díaz si depende de pocos escaños. No hay que descartar nada tal y como están las cosas. ¿Lo normal? Que en el límite Ciudadanos le saque hasta el tuétano y le apoye.

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