Fuente: Atlético de Madrid

El viernes, cuando todos los medios de comunicación sacaban sus garras, la improvisación de una afición increíble propició que el hagstag #TeQueremosCholo fuese tendencia durante la tarde-noche. No había un motivo sin más, por haber caído ante un equipo de segunda B por ejemplo. No. Bien al contrario suponía enfrentar a la prensa madridista desde el verdadero corazón atlético. Idea de The lion @loloutlaw, más conocido por ser el jefe de The Protocolo, uno de los memes más esperados del día de partido, para defender al entrenador que ha conseguido la etapa histórica más grande del Atlético de Madrid, el hagstag fue tomando carrerilla hasta encumbrarse a lo más alto de las tendencias en España.

El propio Diego Pablo Simeone ha reconocido que le ha encantado, no por él, sino porque “todo lo que sea natural es de agradecer. Fortalece la seguridad y la ilusión que siempre tengo en el día a día en el club”. No eran las típicas campañas desarrolladas desde las alturas, o en el caso de Real Madrid o Barca desde la prensa súbdita, sino gente que quiere al Atleti; que se cabrea con cada derrota pero al día siguiente vuelve a apoyar como nunca a su equipo; que tiene esa enfermedad rojiblanca incurable que no entienden desde la prensa y los equipos aupados al duopolio mediático-político; que está con los suyos cuando lo dan todo a muerte. Un contraataque de una afición que está cansada con la campaña que llevan desde hace tiempo en los medios de comunicación contra el Cholo Simeone. Especialmente Marca y AS, con la ayuda inestimable Josep Pedrerol, el hombre de Florentino Pérez para todo lo que sean campañas de desacreditación.

Medios de comunicación que hacen del arte de la manipulación una especie de constatación empírica como esas encuestas donde votan, especialmente, desde los madridistas hasta un señor holandés que ni conoce realmente lo que pasa en Madrid. Encuestas fácilmente manipulables, como las de los televisivos Cuatro o Gol, donde se pregunta si la culpa es de los jugadores, del entrenador o de un señor que pasaba por allí para intentar que los votos se vuelquen contra su pieza de caza: el Cholo. Nadie niega, las redes del Atlético de Madrid son sumamente críticas, que el estado del equipo no es el mejor. Producto de una mala elección en los fichajes y de falta de adaptación de otros para jugar a lo que ha dado la vida misma a un equipo que penaba por los lugares medios de la Liga. Eso está ahí, pero lo que se esconde detrás de todo esto es que desde el otrora falangista Javier Tebas hasta la misma federación de fútbol desean que el duopolio persista en el tiempo para sus cuitas económicas. Lo deportivo les interesa poco o nada, sólo vender y vender una disputa entre dos equipos en todos los frentes posibles. Y ahí el Atlético molesta.

Como molesta hay que laminar lo único que tiene de sólido el proyecto de los dueños, el entrenador. Desde hace tiempo, especialmente desde el florentinista El Chiringuito, llevan con la campaña de descrédito del entrenador hispano-argentino. En verano, después de la goleada contra el Real Madrid, ya surgieron voces de becarios contrarias al entrenador. Ahora es la elección de los tipos más extraños que encuentran en la puerta cinco del Metropolitano para que critiquen al Cholo. El hagstag que arrasó ayer en las redes, hasta propició que el propio Miguel Ángel Gil sacase una nota de prensa, no era por un amor ciego con su entrenador sino contra toda la prensa madridista que se lanza al cuello del entrenador. Eso sí, ninguno dice que con los jugadores que tiene bastante hace. Ni que hay una mala confección de la plantilla por culpa de los de arriba. Ni que hay algunos que parecen ya ex-jugadores. No quieren cazar la presa y desde la afición atlética han respondido con contundencia: el Cholo no se toca. Se irá cuando quiera o le apetezca, pero hasta ese momento es en la única persona en la que confían. Si pensaban vender más periódicos u obtener más visitas atacando al Cholo, la afición espontáneamente ha respondido. “¡¡¡Biberones for all!!!” que diría The Lion.

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