España está en puro estado de crispación. Ni alarma, ni problema sanitario, sino simple y llanamente crispación. Nuevamente el desorden, la mala leche, las ganas de liarse a garrotazos como en el cuadro de Goya, campan por las tierras que los romanos acertaron a señalar como Hispania (que si la hubiesen llamado Tremulus se habrían acercado mucho más a la cultura patria). Crispación en los medios de comunicación, en el parlamento (o parlamentos), crispación en las calles, crispación en las terrazas y las casas, crispación allí donde cada cual acabe mirando. Si cualquiera hace memoria, eso que hoy en día está tan demodé, pues todo ha de fluir sin sentido, rumbo o camino pero fluir, verá que siempre que ha habido crispación en España, desde la muerte del dictador fascista, ha estado el PP (AP anteriormente cuando eran los hijos del búnker franquista a cara descubierta, ahora lo son pero escondidos).  No falla ni una sola ocasión en que la sociedad haya elevado la tensión hasta la crispación y no se encuentre el partido conservador detrás manejando los hilos públicos. Esto indica, a priori, que el PP no es un partido demócrata. Le gusta la democracia como sistema siempre y cuando sean ellos y ellas quienes gobiernen y manejen los hilos. Si gobiernan los demás siempre están provocando la algarada.

Lo que van a leer a continuación es simple y llanamente una recopilación de hechos que demuestran la teoría de la vinculación de la crispación con el paso del PP por la oposición (e incluso estando en el Gobierno). Se aportará algún hecho más regionalista o local, pero básicamente es un recuerdo de los momentos de crispación y jaleo a nivel estatal. Si recuerdan los medios de derechas, los vinculados a Alianza Popular y al antiguo régimen fascista, atacaban sin piedad a Adolfo Suárez, calificado de traidor pese a haber sido un camisa azul de verdad, no como otros que se auparon al poder zurciendo sotanas y besando anillos. La derecha le hizo una campaña criminal durante toda su vida y las gentes le siguieron votando por cariño hasta que le obligaron a enterrar el Centro Democrático y Social (como antes otros partidos liberales) para que sólo existiese un partido de derechas en España y así derrocar al PSOE. En las elecciones de 1982 y con 202 diputados en la mochila parecía que la oposición aceptaría el juego del debate racional y parlamentario. Pero no, tenían que lanzarse al cuello a la menor ocasión. En 1984 estalló en Alemania el caso Flick de financiación de partidos propios y extranjeros. Tuvo su deriva española pues el diputado socialdemócrata Peter Struck reconoció que se había enviado dinero al PSOE para financiarle durante las campañas electorales del comienzo de la democracia. En la Comisión parlamentaria para discernir culpas, el empresario Eberhard von Brauchitsch reconoció a Santiago Carrillo que enviaron esos dineros para cerrar el paso al comunismo. Jorge Verstrynge, en aquellos años secretario general de AP, creyó ver un buen motivo para asestar una puñalada a la honradez que vendían desde el PSOE. Movió a todos los medios de comunicación para que señalasen a Felipe González y al final “ni de Flick, ni de Flock”. Jamás se pudo probar que llegase dinero de ese consorcio armamentístico vía Fundación Fiedrich Ebert. Lo curioso es que sí aparecieron papeles donde AP aparecía como destinataria de millones de pesetas. ¿Recibieron millones en el PSOE? Claro que sí, de los fondos reservados alemanes, de la CIA, de Venezuela y mil sitios más para nutrirle. Como recibieron de Libia, la URSS el PCE o el PSP de Tierno Galván. O los partidos de derechas, aunque Juan Carlos de Borbón acabó guindando un millón de dólares de la época proveniente de Arabia Saudí a UCD. Todos recibieron dineros y todos los sabían.

Manuel Fraga hubo de abandonar la presidencia de AP por su incapacidad manifiesta para hacer política en democracia y le sustituyó un abogado andaluz (probando para ver si otro andaluz hacía caer al presidente) Antonio Hernández Mancha que no tuvo mejor idea que lanzar una moción de censura contra un González con mayoría absoluta. Eso sí, lastimado por el referéndum de la OTAN, la reconversión industrial y la reforma de las relaciones contractuales y con una huelga general exitosa, pensaron en el PP que nada mejor que elevar el tono. Desde los medios de comunicación de la derecha (casi todos como en la actualidad) señalaban a Nicolás Redondo y Marcelino Camacho como verdaderos socialistas y los únicos que se atrevían a acabar con el régimen dictatorial felipista. Cuando hay un presidente del PSOE, curiosamente, siempre es un régimen dictatorial o cesarista. De hecho hizo fortuna un libro de Amando de Miguel y José Luis Gutiérrez (ambos luego parte del sindicato del crimen periodístico) titulado La ambición del César que es un intento de encajar la personalidad de González dentro del prototipo de político bonapartista y sin escrúpulos propio de la socialdemocracia. Posteriormente Enrique González Duro, a sueldo de El Mundo, escribió una Biografía psicológica de Felipe González donde mostraba “científicamente” que sí, que González era un dictador.

Tras llegar José María Aznar, estando los casos Filesa y  Juan Guerra en la palestra, decidieron en la refundación del partido franquista PP que había llegado la hora de elevar la crítica y tensionar el sistema sin importar si caía también detrás de González. Tras la AEPI, o sindicato del crimen periodístico, los sospechosos habituales, algunos siguen mintiendo en periódicos o las ondas hoy en día, decidieron montar una Conspiración para acabar por los medios que fuesen con el PSOE. Lo suficiente para que no volviese a levantar cabeza en décadas si era posible. Es en esa época cuando a Julio Anguita le catalogaban como verdadero hombre de izquierdas (sabiendo que no ganaría en la vida) para hacer de menos a González, que ya se había desprendido de Alfonso Guerra en el Gobierno (curiosamente los guerristas pasaron de colaboracionistas a verdadero alma del PSOE en los medios de comunicación). No pudieron con él en 1993 por lo que fue necesaria la crispación completa de la sociedad (ya lo había ensayado en Castilla y León contra Demetrio Madrid). En aquellos años se escupía e insultaba a la militancia del PSOE en actos y campañas, lo cual era jaleado desde los medios de comunicación (curiosamente los mismos que hoy jalean a las masas cretinizadas contra el Gobierno, Jiménez Losantos, Herrera, Sánchez Dragó…). Así se pusieron las cosas hasta que en 1996, por los pelos, Aznar venció sin mayoría absoluta (él que ya se veía entronizado y glorificado) y tuvo que tragar en el Majestic con el 3% y lo que le quisieron poner delante.

Una vez en el poder, ese que piensan que es suyo por designación histórica, España pasaba de ser un estercolero a la mayor maravilla de la Tierra; Aznar abanderaba la Tercer Vía (rebautizada en España al estilo alemán como Nuevo Centro); los catalanes eran gente con la que hablar en la intimidad en su lengua; ETA pasaba a ser el Movimiento de Liberación Vasco y, por ende, se podía dialogar para el abandono de las armas; y hasta las ventosidades olían a jardín de nenúfares. Volvía España a ser un remanso al servicio del Imperio estadounidense que acabaría por provocar intervenir en una nueva Guerra en busca de inexistentes armas de destrucción masiva en Irak (más bien en busca del control petrolífero de EEUU) con su foto en las Azores. Pero eso y la entrada en el euro de manera forzada y criminal para los bolsillos de los españoles eran vendidos como una nueva era de diplomacia universal. El problema es que el 11 de marzo explotó en la cara del PP su política de mentiras (hilillos del Prestige mediante) y cayeron ante Bambi, José Luis Rodríguez Zapatero. En cuanto pisó el suelo de la Moncloa las huestes del PP, rabiosas por la pérdida de un poder que pensaban duraría eternamente, llegaron a acusar al propio PSOE y a ETA (que ya no era movimiento de liberación) de haber sido los instigadores del atentado yihadista. Los peones negros circulaban en El Mundo (de ahí surge Juan Carlos Girauta, por cierto), en ABC o en las diferentes cadenas radiofónicas. Claro y al presidente del PSOE sólo se le ocurre dedicar la legislatura a los derechos de reconocimiento y al feminismo. La iglesia católica y las más oscuras sectas organizadas (Opus, Camino Neocatecumenal, Legionarios de Cristo y demás) estallaron ante lo que suponía, según ellos, la subversión de la normalidad y el destino moral de España. “¿Cómo es posible que dos hombres o dos mujeres se casen?” clamaban mientras Ana Botella, a la que preparaban par alcaldesa madrileña, explicaba ese desvío hablando de peras y manzanas. Nueva época de crispación que se juntó con una nueva crisis sistémica que elevó el tono hasta que consiguieron que Mariano Rajoy ganase al fin unas elecciones.

Las ganó con mayoría absoluta, se vendió a la fracción financiera, austerizó España, desreguló las relaciones laborales llevando a precarizar a la mayoría de la clase trabajadora. Como tenían miedo a las protestas, legislaron una ley mordaza que desde los comprados medios de derechas aplaudieron sin ver en ello ningún tipo de intromisión a la libertad. Pero como la corrupción de años y años de prepotencia dirigente salía por todas las cloacas, como la crisis mandaba a la pobreza a millones de españoles, había que volver a crispar a las masas cretinizadas y nada mejor que lanzarse contra vascos y catalanes. En Cataluña acabaron por provocar un conato secesionista, reprimido a golpe de porra policial (¿se imaginan que hubiesen dicho de hacer eso mismo en el barrio de Salamanca o del Parque de Lisboa con las caceroladas?) y mucha bandera. Súmenle el susto en el cuerpo por la aparición de un grupo de radicales que se llamaban casta y que auparon a Podemos a superar las cifras del PCE. Había que crispar más aún y olvidar la política en favor del teatro del mal. Una ópera bufa en la que se está todavía y que ha costado miles de muertos, hambrientos y unos cuantos cargos políticos. Porque Pedro Sánchez tuvo la mala idea de ganarles una moción de censura, algo que aún no han asimilado en el PP de Pablo Casado. Ahora siguen con la crispación repitiendo, como farsa, lo mismo que hicieron con González. Crispar todo lo que pueden y más hablando de dictaduras, cesarismo, problemas psicológicos de los gobernantes (si se fijasen en los cargos del PP tenían para seis tesis doctorales), que si los catalanes esto, que si no hay libertad, que si les están oprimiendo (cuando hacen lo que les da la gana sin un solo golpe policial) y todo para crispar y provocar altercados como en el período 1993-1996. Acoso selectivo a políticos, insultos a personas que piensan distinto, portada y portadas mezquinas y llenas de mentiras, una nueva conspiración con los mismos que participaron de aquella (menos Eduardo Inda que servía los cafés en la redacción) y con añadido de que hay una coalición de izquierdas. Mucho más demoníaco.

En cuanto la derecha política no gobierna, ni por persona interpuesta, hacen lo que mejor saben hacer, provocar, crispar, encabronar a las masas todo lo que pueden. Lo hacen porque no aguantan la democracia en sí; porque su carácter es autoritario al creerse portadores de un ideal-destino en lo universal; porque, al ser en su mayoría vividores de lo público, no tienen donde caerse muertos y vivir como lo hacen; porque pisotean los ideales liberales de debate racional y agonístico, para ellas y ellos no hay debate alguno pues están en posesión de la verdad (¿es que no se han enterado del fin de la historia?); porque, más allá de las carencias intelectuales y morales, no soportan tener que manejarse con reglas iguales para todos, quieren su impunidad como siempre han tenido en España; porque no hay ciudadanía sino plebeyos y élite gobernante, aunque dejan hacerse pasar por iguales a unos pocos para aparentar; porque están en continua lucha de clases hasta conseguir la completa autoesclavitud de la mayoría de las personas; porque son los esbirros, no llegan a consejo de dirección de la clase dominante, de los poderosos y quieren ser serviles hasta cuando deberían aparentar; porque no entienden la política más que de forma antagónica (el pluralismo es para los progres) y tienen que ganar y pisotear al enemigo; porque sólo hay una religión, el capitalismo, y una moral la cristiana (si sirve para dominar a las masas). No son demócratas y en cuanto no tienen el poder se lanzan a generar crispación entre la población siempre, como ha quedado demostrado.

1 Comentario

  1. Totalmente de acuerdo con el análisis. Creo que el PP y VOX es lo peor que le ha pasado a este país en muchos años. España no avanza al ritmo de los demás países europeos por culpa de la derecha política existente. Después también mucha gente vota a la derecha por ignorancia. Falta mucha cultura política y leer un poco de historia. Creo que hasta que no pasen dos generaciones no nos libraremos del franquismo. Va en el ADN.

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