Si esperaban encontrarse en estas líneas a personajillos de la sociedad del espectáculo del tipo “Alpiste”, “El condenas”, Eduardo Inda o chisgarabises de ese pelaje no lo harán. No. Aquí se va a hablar de alguien mucho más inteligente, más culto, una persona que sabe perfectamente lo que está escribiendo y formado en las verdaderas escuelas de la élite mundial. Un señor que pertenece a la clase dominante de verdad. No es un simple esbirro sino que forma parte de una de las fracciones de clase de las personas que realmente mandan. De esas ante las que se cuadran todos esos directores de medios de comunicación que aparentan elitismo cuando no son más que escribientes de los deseos de sus amos. Porque se ha dicho en numerosas ocasiones, la mayoría de altos cargos de los medios de comunicación son siervos de la clase dominante que los paga, alecciona y encauza. El personaje que hoy tienen ante sí en estos párrafos es una de esas personas que son clase dominante. En muchas ocasiones se habla en esta columna diaria de clase dominante, un constructo analítico para muchas personas, pero que hoy se refleja perfectamente en una de esas pocas personas que mandan y saben que mandan.

La revolución de los pijos, la Borjamari borroka y demás calificativos que se ha puesto a la queja, impúdica aunque legítima, de las personas que viven en los barrios más pudientes de ciertas capitales de provincia, especialmente de Madrid aunque no sólo, no ha surgido porque sí. Cierto es que esas personas pueden pedir seguir con la impunidad social y política con la que han vivido siempre (miren en las redes sociales con el desprecio que hablan a los agentes de los aparatos represivos del Estado). Cierto es que se han cansado de que les traten de forma igualitaria cuando ellas y ellos siempre han tenido clara su conciencia de clase y su convivencia pero no mezcla, ni cohabitación con las demás clases sociales. Cierto que más allá de los barrios verdaderamente burgueses ha habido coletazos de clase media y pequeña burguesía de los servicios que comparten la misma posición ideológica pues son los cargos intermedios de las distintas empresas de aquellos, tan necesarios para el control de la extracción de plusvalía. Todo eso es cierto, incluso que no son los únicos que están hasta las narices de estar encerrados y que la presencia de numerosos bolichicos, en el caso madrileño, ha alentado las caceroladas venezolanas. Sí, todo eso tiene visos de certidumbre pero poco o nada habría sido posible sin ideólogos de su misma clase que diesen la voz de alarma y advirtiesen del momento de dar la voz de alarma. Que Juan Carlos Girauta hable de dictadura, como lo hace Bieito Rubido, Jorge Bustos o cualquier juntaletras de los medios de comunicación, por mucha preparación que tengan no es lo mismo a que lo haga Fernando del Pino Calvo-Sotelo. De Ferrovial de toda la vida (una de las familias más ricas de España) y en un medio como Expansión. Aquellos son esbirros y éste es clase dominante de verdad. Sin duda la clase dominante tiene gentes brillantes para la lucha de clases en lo ideológico (eso que pedía a voz en grito Louis Althusser y que en la izquierda parece haberse olvidado). Personas como Jorge Vilches, Pedro García Cuartango, Mario Vargas Llosa (que las sabe meter dobladas desde El País) y otros similares son cultos, preparados y saben en qué campo de acción se manejan. Pero si Del Pino escribe, el resto toma nota y actúan en consecuencia. O ¿creían que la insistencia en dictaduras y autoritarismos de los Rubido, Rosell, Inda, Bustos y demás jefazos de los medios era motu proprio?

El señor Del Pino viene desde casi la formación del Gobierno de Coalición alertando sobre cómo ese tipo de gobierno era visto en la clase dominante. El 7 de febrero, que hoy parece tan lejano,  se preguntaba en una de sus columnas mediáticas “¿Podría España acabar como Venezuela?”. Y escribe cosas como las siguientes: “Existen evidentes diferencias entre Venezuela y España, pero también hay preocupantes indicios coincidentes que no podemos soslayar. Nuestro vicepresidente del gobierno es un comunista bolivariano discípulo entusiasta de su patrocinador Chávez (“cómo se echa de menos al comandante”, dijo) y admirador de Robespierre, Mao y Lenin. Esto no ocurre en ningún país occidental. Nuestro presidente del gobierno, cuya amoralidad distrae de su izquierdismo radical, se niega a recibir al presidente encargado de Venezuela reconocido por 59 países (Europa, Canadá, EEUU y casi toda Hispanoamérica) mientras sigue sin acreditar al embajador en España nombrado por aquél, incumpliendo una resolución del Parlamento Europeo”. ¿Les suenan como mantra lanzado por medios de comunicación con persistente continuidad? Fíjense que cataloga a Pedro Sánchez como izquierdista radical ¡¡¡A Pedro Sánchez!!! El moderado socialdemócrata es visto casi como un peligroso blanquista a punto de montar la Comuna de Madrid o algo por el estilo. No se asusten es que piensan así.

Pasando a los tiempos pandémicos, para ver cómo se han estado nutriendo las personas de la clase dominante y adláteres, Del Pino se aventura a advertir del peligro de la acción de Gobierno, al que califica de incompetente (debe ser por no seguir los dictados de la clase capitalista e intentar salvar a las personas antes que los beneficios de aquella): “Un gobierno incompetente y, además, peligroso” es su artículo del 3 de abril, quince días después de decretar el estado de alarma. Curiosamente pedía en ese artículo haber confinado sólo a Madrid y otros focos peligrosos y dejar a los demás tal como estaban con ciertas precauciones. Más graciosa es la bronca que lanza contra sus esbirros políticos (PP, principalmente, Vox y Ciudadanos): “el peligro real que para el futuro de España supone este gobierno parece toparse aún con la ingenuidad real o simulada de una casi inexistente oposición política y mediática, suave y blanda como el algodón”. ¿Recuerdan que salvo algunas escaramuzas a partir del 5 de febrero tanto el PP como Vox se lanzaron al salvajismo político? Curiosa coincidencia de fechas. Aquí se escribía el día 5 sobre la alianza de ABC y Vox para derribar al Gobierno o el uso de los muertos contra el Gobierno de forma mezquina días después. en el mundo de la clase dominante nada es casualidad. ¿Quieren otra muestra?

El día 17 de abril Del Pino, directamente, ya hablaba de dictadura encuebierta mediante el estado de alarma (“¿Estado de alarma o dictadura?”). Escribía en estos términos, después de culpar al 8-M de irradiar el virus (el feminismo les preocupa tanto o más que el ecologismo aunque este último lo tienen más controlado): “Para intentar compensar haber llegado tarde, este gobierno, al que sólo preocupa la apariencia, ha adoptado medidas draconianas plagadas de tics autoritarios (muy propios del tándem Sánchez-Iglesias) fomentando un alarmante ambiente represivo que incentiva el abuso y la extralimitación”. Y todo porque, tras equivocarse en todo el Gobierno y culparle de todos los muertos al “gobierno incompetente y embustero”, no puede hacer lo que le da la gana, tiene que estar tan confinado como los demás. Más argumentos de su artículo que les sonaran a lo que luego propalan los mandriles mediáticos habituales: “El enorme desprecio al Estado de Derecho del que hace gala este gobierno deja entrever su querencia totalitaria, lógica por su perfil comunista. El abuso del estado de alarma mediante el que el gobierno se atribuye una potestad dictatorial ajena a la Constitución resulta muy inquietante”. Esto el 17 de abril y al día PP y Vox pedían un levantamiento social, incluso de carácter violento, como se contó en estas páginas.

El 28 de abril ya empezaba a mostrar Del Pino el sentir de su clase social con lo que acontecía: “España, enjaulada y arrastrada a la ruina”. No entendía cómo no se liberaba a las personas ya para que hiciesen vida normal, produjesen beneficios (que es lo que realmente importa) y si caen algunas personas mala suerte, todo por el Capital. Así catalogaba al presidente y al vicepresidente segundo del Gobierno: “los carceleros Sánchez e Iglesias felices en su papel de dictadores del estado de alarma”. ¿Les suena a soniquete de la revuelta pija? Las cosas no suceden porque sí, sino porque se ha estado cultivando cierto tipo de adoctrinamiento entre los propios ante lo que estaba sucediendo. Conciencia de clase más que evidente. Curiosa la cita de Del Pino en este artículo: “El filósofo Jean-François Revel nos recordaba en su obra El Conocimiento Inútil que la ideología «debe defenderse sin tregua contra el testimonio de los sentidos y de la inteligencia, contra la propia realidad, lo que le lleva a aumentar de día en día la dosis de mentira requerida para hacer frente a la evidencia»”. Revel no es un cualquiera, es uno de los precursores del neoliberalismo, y no todos lo han leído, al menos Alpiste y Negre seguro que no.

Y para rematar, justo en la revuelta, Del Pino dejó uno de sus últimos testimonios: “El confinamiento como experimento totalitario”. Casi ná. Pero es que ya se mostraba bien a las claras cuál es la preocupación principal de la clase dominante: “No hay contradicción alguna entre salvar la economía y salvar vidas, porque la economía salva vidas. Si hundimos la economía, no podremos financiar los recursos para sostener nuestro sistema sanitario”. A ello súmenle esta otra reflexión sobre el experimento totalitario: “Con estas medidas los yonquis del poder están midiendo la capacidad de aguante del ciudadano preguntándose hasta qué extremo tragará con los abusos de un nuevo régimen que ha encontrado en el pánico – que impide pensar – un arma eficaz”. Justo lo que vienen diciendo las personas de la revuelta pija. Gobierno totalitario, el socialismo arruina la economía (el virus, como viene diciendo en sus artículos Del Pino, no tiene tampoco excesiva influencia en sí) y queremos libertad (que se podría catalogar como derecho a la impunidad).  Claro que esto lo dice una persona publica en el blog de la Fundación Francisco Franco.

Con todo esto sólo se quiere confirmar que, como se cuenta casi a diario, ni Pablo Casado, ni Santiago Abascal, ni esa columnista, ni esa todóloga hablan con voz propia en la mayoría de las ocasiones. Lo que se ha expuesto con brevedad en los párrafos anteriores no es más que la forma en que opinan en la clase dominante, algo que acaba transmitiéndose a los siervos políticos, mediáticos y controladores. El control social lo suelen realizar de formas muy diferentes (fetichismo, imitación, espectáculo…), pero cuando se ven asustados de perder sus fuentes extractivas y, por ende, su poder de clase sacan todo el arsenal ideológico. Mandan y quieren hacer saber que mandan y para qué mandan. Los esbirros suelen tomar buena nota. Y no lo hace un malandrín de las letras cualquiera sino alguien de la propia clase dominante, bien formado (se nota que ha leído a Peter Drucker en su vertiente política) y que, exagerando por culpa de la política espectáculo, ha alentado a los suyos a la revuelta y a decir “¡hasta aquí hemos llegado!”. Conciencia de clase en estado puro. Ahí tienen al verdadero ideólogo de la revuelta pija, no algún nesciente del twitter.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here